Llevamos un mes oyendo a los miembros del Gobierno, realizando todo tipo de manifestaciones, sobre los beneficios que van a encontrar los trabajadores españoles con la nueva legislación contributiva, en materia de IRPF y que va a suponer una inmensa inyección de dinero, en el bolsillo de los ciudadanos a partir del cobro de la nómina del mes de enero de 2015.

Así que el ciudadano medio, sobre todo, el mileurista, se ha encontrado ilusionado mientras esperaba ver reflejado en sus nóminas la subida que, vía ahorro de impuestos, iba a suponer en sus exiguos bolsillos. Pues bien, el resultado ha sido una indignación generalizada no ya por lo exiguo en la repercusión de las nóminas sino por el sentimiento general que se tiene de que el Gobierno se está riendo de los ciudadanos.

Los pensionistas de este país, con unas subidas de 2 ó 3 euros al mes, estaban ya, lógicamente indignados. Viendo como con unas pensiones que en muchos casos no llegan 600 euros al mes, el aumento insignificante que han tenido. A su lado ven pasar a políticos, asesores, altos cargos de la Administración con unos sueldos que no tienen nada que ver con el salario medio de los ciudadanos que no llega a los mil euros tan siquiera.

Ahora se suman a la indignación de los jubilados, la de los ciudadanos trabajadores que no llegan a tener mil euros de sueldo al mes, que al recibir su nómina del mes de enero, ven que la enorme rebaja en sus retenciones gracias a la reducciones que tendrán en el IRPF, se traduce en el mejor de los casos en un aumento de 10 euros más o menos, según los casos.

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Así, resulta habitual en estos días en las conversaciones que se escuchan en los trasportes públicos, oír a cualquier ciudadano, acordarse primero de la familia de los que nos gobiernan y segundo preguntarse qué opciones políticas hay para votar que no sean las habituales y tampoco la de Podemos, para buscar alguien que pueda solucionar todo esto sin que signifique caer en las colas que hay en los comercios venezolanos y cubanos. Porque lo que más ha indignado al ciudadano normal es la sensación de que se están riendo de todos nosotros.

El vaso de la indignación lleno hasta los bordes, por la corrupción y la sensación existente de que solo se gobierna en favor de determinados escalones de la sociedad española, precisamente aquellos que no están acusando la crisis y sus consecuencias y que además se están beneficiando de ella, para enriquecerse aún más, a costa del resto de ciudadanos. Es decir, a costa de jubilados, parados, clase media y baja.

Podemos suponer, por tanto, que esa indignación va a suponer la caída de los partidos que han propiciado todo esto PP-PSOE-IU, de los sindicatos mayoritarios cómplices y el auge de otros partidos unos populistas como Podemos y otros mas realistas con la situación como Vox, Ciudadanos, UPyD.

Lo que está claro es que si no teníamos razones suficientes para estar indignados con los partidos que nos han gobernado hasta ahora y en la actualidad con el que esta gobernándonos en estos momentos.

La última burla realizada al ciudadano, con los enormes beneficios en el bolsillo que íbamos a tener con la rebaja fiscal, va a suponer según muchos el hundimiento definitivo en las expectativas electorales de los próximos comicios, que en este caso serán los locales y autonómicos, que pagarán por la mala gestión de los políticos estatales y que parece será un aviso de lo que está por venir.