Si tenemos que hablar de "quita de deuda", tenemos que hablar de Alemania. Si nos trasladamos en el tiempo, justo después de la II Guerra Mundial, Alemania quedó dividida en dos, la parte Occidental (conocida como República Federal de Alemania y controlada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) y la parte Oriental (conocida como República Democrática de Alemania y controlada por la URSS).

En el año 1953, se reunieron en Londres los muchos acreedores que tenía Alemania Federal. Entre otros estaban Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, España o Grecia. En esta reunión se elaboró un proyecto por el que el Gobierno alemán reconocía las deudas privadas de antes y después de la Guerra y se le hacía una "quita" de dicha deuda.

El monto total de la deuda era de unos 38.000 millones de marcos (22.000 millones de antes de la Guerra y unos 16.000 millones de la postguerra). Del total de la deuda quedaron fuera de esa quita (pendientes de pago) sólo 14.000 millones de marcos.

En ese acuerdo, los acreedores daban a Alemania unas condiciones inmejorables. Para empezar, le exigían que tenía que ser capaz de pagar la deuda manteniendo un alto nivel de crecimiento y mejorando las condiciones de vida de su población. Para ello dejaron que pagara con su moneda nacional, le obligaron a reducir las importaciones (lo que antes compraban ahora lo tenían que fabricar) y que exportara los bienes que fabricaran. La suma de todo ello debería dar una balanza económica positiva.

Otro punto importante era que Alemania no podría destinar más del 5% de los beneficios obtenidos (balanza positiva) al pago de la deuda.

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Además, los intereses que le impusieron eran prácticamente nulos, entre el 0 y el 5%. Sin contar que Estados Unidos ayudó mucho económicamente con el famoso "Plan Marshall". Este plan inyectó a las arcas alemanas algo más de 1.000 millones de dólares. Como resultado de todo esto, Alemania terminó de pagar su deuda en al año 1960.

Si miramos lo comentado anteriormente, a ningún país se le trata como se le trató a Alemania. Ninguno de ellos puede pagar con su moneda nacional sino que tienen que pagar con las monedas más fuertes (dólares, euros, francos suizos, etc.). Los intereses van de entre un 6 % a un 12 %. No pueden suspender pagos ni renegociar las condiciones. Además les prohíben fabricar cualquier bien que puedan importar. Resulta irónico que el país que más resistencia está ofreciendo para dar la ayuda a Grecia, sea el país que más ayuda obtuvo y en las mejores condiciones de la Historia.