Hace 40 años, un remoto 22 de noviembre de 1975, un exultante Juan Carlos I tuvo la difícil pero aclamada tarea de hacer olvidar a su antecesor. Aquello puede no parecer algo demasiado complicado de acometer, sin embargo, y teniendo en cuenta sus últimos infortunios ya sea en un safari en Botswana o la sorprendente aunque dudosa aparición de dos hijos no reconocidos como tales, podemos decir que la imagen que el anterior rey ha dejado para el pueblo español es la de un hombre sencillo y campechano.

Algo que no se le podrá reprochar es el haber hecho que España pueda haber sacado pecho después de una de las peores épocas de su historia (con la ayuda, claro está, de varios presidentes).

Consiguió, por tanto, mejorar la imagen de un país en decadencia. Aunque, por desgracia, no consiguió que esta situación perdurase en el tiempo indefinidamente.

Es ahora el turno de su primogénito y sucesor, Felipe VI. Si su padre tuvo la difícil tarea de reimplantar la monarquía, el objetivo de Felipe no es otro que el de volver a ponerla en su sitio. Tras los escándalos que se han ido sucediendo en los últimos años y cuyos principales protagonistas no han sido otros que su hermana y cuñado, Felipe ha de convencer a los ciudadanos de que la monarquía no es la farsa que mucha gente comienza a cuestionarse. La situación actual no da lugar a mucho margen de maniobra, y tras la aparición de nuevos partidos de carácter republicano, la monarquía comienza a pender de un delicado hilo del que nunca antes se había visto atrapada.

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¿Qué hacer, entonces? Cierto es que Felipe VI no es como su padre, y esperemos que con el paso de tiempo el actual monarca no haga otra cosa que confirmar esta afirmación. Para ello, y como primer gran paso importante tras su coronación el pasado verano, Felipe VI ha decido reducirse el suelo en un 20%, lo que supondrá un sueldo de 234.204 euros al año. Con esta acción no se espera otra cosa que contener o incluso reducir el descontento de una población harta de tener que escuchar la palabra crisis y desempleo en todas partes.

Ahora que sale de nuevo a colación el sueldo del monarca español, no cabe sino preguntarse si un estado monárquico es lo más conveniente para un país europeo que ha de tener como ejemplo a seguir en términos económicos a las potencias de Alemania y Francia, ambos estados republicanos.

Lo que la población debería preguntarse es ¿de qué sirve un monarca en el siglo XXI? Nuestro rey es una figura que actúa como embajador a nivel global, llevando la imagen del país a todas partes.

Pero, entonces, ¿es que Alemania o Francia no tienen representantes? Por supuesto que sí y, de hecho, su canciller y presidente (respectivamente) son una de las figuras políticas más conocidas en todo el mundo. Al mirar hacia estos países, la acuciante pregunta de sí una misma persona puede ejercer la función de representante de España al tiempo que toma las decisiones más relevantes para el país parece más que claro. Pero, en términos financieros, ¿sería rentable?

Por el momento Don Felipe VI, con una acción que queda en contraste con el actual momento de corrupción al que se ve sometido el país, no quiere que se tenga que contestar a dicha pregunta.