El Rey Felipe VI ha cumplido 47 años en Etiopía, en un viaje oficial acompañado por el ministro de Industria. José Manuel Soria representa en este viaje la figura de "ministro de jornada". ¿Será este ministro el que le tire de las orejas para felicitarle? El origen de esta antigua y curiosa costumbre procede de los orientales, de su gran devoción por las orejas, de la creencia de que los ancianos eran más sabios conforme sus orejas se hacían más grandes. Siempre me he preguntado si hay que estirar ambas orejas tantas veces como años se cumplen o si se deben repartir los tirones entre las dos orejas.

Ministro de jornada es el ministro que acompaña al Rey en sus actos y viajes oficiales para legitimar con su mera presencia sus actos en cumplimiento de la Constitución.

El Rey no es nadie ni es libre de actuar si no está a su lado el presidente o un ministro del Gobierno, lo que no deja de representar un agobio. Es como si saliésemos de casa siempre con un tutor o asesor a nuestro lado para que vigilase nuestros actos y nuestras palabras. En algunos matrimonios, uno de los dos miembros cumple esa función para desagrado o comodidad del otro.

Acompañantes de jornada somos todos en las ocasiones en que una persona nos lo solicita, generalmente un familiar o un amigo, no para refrendar sus actos sino para apoyarles o aconsejarles en una gestión. Hay citas importantes a las que una persona no se atreve a enfrentarse sola por temor o por no confiar mucho en sus reacciones o criterios. Se me ocurre el caso típico de la mujer embarazada que acude por primera vez a un ginecólogo, antaño en compañía de otras mujer de su entorno, ahora con su pareja, que es más moderno y democrático, pues el hombre ha entendido por fin que un un embarazo es cosa de dos.

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Otra ocasión típica es la de la persona que se ha hecho unos análisis médicos por alguna indisposición de su organismo que le preocupa cuando tiene que acudir a consulta a por los resultados. También la circunstancia de entrar o salir de la cárcel o de resolver un problema laboral.

Al rey no le puede acompañar cualquier persona, no sirve un secretario u otro alto cargo público. Ha de ser el presidente o un ministro. Del mismo modo, todos no servimos para acompañantes de jornada, ha de ser alguien que goce de la total confianza del afectado, o podemos servir para unas ocasiones y no para otras. A algunas personas no se les puede pedir que acudan a un hospital porque se ponen más malas que el paciente ingresado. Ser compañero de jornada no es compromiso baladí; al contrario, está cargado de responsabilidad y hay personas que lo evitan y otras que se ofrecen aunque no sean reclamadas.