Partido de segunda división, en Albacete, juegan el Albacete Balompié y el Betis, desplazamiento de más de 1.500 hinchas béticos, no sólo desde Sevilla, aunque no son previsibles enfrentamientos entre las hinchadas bética y albacetista, que están enfrentadas desde hace años, más que nada por la común rivalidad contra los sevillistas, eternos rivales de los béticos en la ciudad hispalense e históricamente enfrentados con los albaceteños por diversos motivos.

El ambiente en general es amistoso entre las dos hinchadas a lo largo de todo el día, así como dentro del estadio. Sin embargo, en un bar próximo, el dueño debe llamar a la policía porque un grupo de ultras del Betis y del Frente Atlético, borrachos y drogados, le ocasionan destrozos por valor de más de 4.000 euros.

Sí, he escrito bien, no es una errata, miembros del Frente Atlético, en un partido, en Albacete, entre el Alba y el Betis. Porque el Frente Atlético, ese grupo macarra ya con dos asesinatos en su currículum, no está desaparecido ni disuelto, le han prohibido entrar al estadio Vicente Calderón, pero siguen activos fuera de "su" estadio (y quién sabe si dentro también).

Y como toda organización mafiosa, tiene sus amigos y sus enemigos y parece ser que, entre sus amigos están los ultras del Betis, razón por la cual se desplazaron a Albacete, a "pasar el día" con sus amigos béticos. Pero su forma de pasar el día no es otra que beber, drogarse y causar destrozos.

Unas jornadas después, los mismos ultras béticos que destrozaron el bar de Albacete, esta vez en su estadio, se dedicaron a animar a su jugador Rubén Castro, con un juicio pendiente por malos tratos, insultando a su ex-novia.

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Por supuesto debemos presumir la inocencia de Rubén Castro, mientras un juez no dictamine su culpabilidad, pero que un estadio coree insultos a la presuntamente agredida no sólo es completamente inadmisible, sino manifiestamente demostrativo de una muy grave enfermedad social.

Por cierto, Rubén Castro jugó hace algunas temporadas en el Albacete, poco y mal pero por aquí pasó algunos meses, con absoluta pena y sin ninguna gloria, sin integrarse en ningún momento ni en el equipo, ni con el club ni la ciudad, comportándose como un individuo completamente asocial. Pero ahora en Sevilla parece ser que sí ha conseguido convertirse en ídolo de la hinchada bética y como uno de sus últimos entrenadores le definió no hace mucho, el "jugador franquicia del club".

Y ese es el problema, que a un ídolo de masas las masas le idolatran por encima de cualquier racionalidad. Sobre todo en el fútbol. Porque sólo en el fútbol se puede dar la circunstancia de que un imputado por Hacienda, por ejemplo Messi, acuda a declarar al juzgado entre los aplausos y ánimos de lo hinchas.

Algo que sería inconcebible en ningún otro ámbito de la vida. Como completamente inconcebible resulta, con la sociedad tan mentalizada sobre la violencia machista en que vivimos, que ningún acusado de malos tratos a su pareja pueda ser jaleado por sus amigos o compañeros de trabajo.

En el fútbol resulta que sí, que no sólo es animado el presunto agresor, sino que además es insultada de forma humillante la presuntamente agredida. Y lo más grave, los directivos del Betis que, por supuesto, denuncian los cánticos machistas, faltaría más, sin embargo en lugar de asumir ejemplarmente una sanción ejemplarizante, se dedican a rebuscar excusas.