Han pasado tres semanas desde que Alberto Nisman fuera hallado sin vida en su departamento privado en el complejo residencial de Le parc; precisamente en la víspera de su comparecencia frente a la Cámara Nacional de Diputados. El lunes 19 de Enero Nisman, como fiscal principal de la causa AMIA, atentado producido en 1994 y que costó la vida de 86 personas y dejó una cifra de más de 300 heridos; tenía previsto presentar pruebas que respaldaran su acusación pública contra la presidenta Cristina Fernández, a quien acusó de participar en la trama de encubrimiento de los principales responsables de este atentado, de orígen iraní.

Días antes de su muerte, Nisman acudió a varios programas televisivos argumentando tener pruebas suficientes para demostrar que la presidenta, junto con otros miembros de su gabinete y del servicio secreto de inteligencia del país, llevaban un plan diplomático paralelo con Irán, donde se hablaba de llegar a un acuerdo a espaldas de la investigación oficial de la causa AMIA, para despenalizar a los principales responsables del atentado.

Nisman aseguró que mientras se dedicaba a investigar la causa AMIA, encontró pruebas, informes y escuchas telefónicas, que demuestran que la presidenta Cristina y los servicios secretos estaban dispuestos a levantar los cargos contra los responsables del atentado al parecer como petición de Irán como condicionante para mantener una buena relación de negocios; enfocada principalmente a la importación de petróleo que cubriría las grandes carencias energéticas por las que atraviesan los argentinos desde los últimos años.

Tras estas polémicas acusaciones, el fiscal Nisman se convirtió en el centro mediático del momento. Días después aparecía muerto en el cuarto de baño de su vivienda a causa de un impacto de bala en la cabeza. El arma también fue encontrada junto a su cuerpo. Fuentes gubernamentales se apresuraron a hablar de trágico suicidio, inducido probablemente por la presión mediática a la que el fiscal había sido sometido.

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La indignación y la incredulidad social ante la versión de un posible suicidio no tardó en manifestarse. A estas alturas, ni los medios de comunicación ni los ciudadanos creen que el fiscal se suicidara, aunque la investigación continúa rodeada de enigmas.

La fiscal Fein, responsable de investigar la muerte de Nisman, descartó una segunda autopsia, por lo que el cuerpo del fiscal fue enterrado el jueves 29 de enero en el cementerio de 'La Tablada', donde también descansan los restos de las víctimas del atentado contra la mutua judía AMIA, en una ceremonia íntima rodeado de sus familiares y amigos. Aquel día el apoyo social de muchos ciudadanos también se hizo patente en marchas espontáneas donde el pueblo expresó su pena ante la muerte de un hombre que fue valiente enfrentándose a la élite más poderosa y oscura del país y arriesgándose hasta el final de ss días.