El mediodía del miércoles saltaba a la Prensa la noticia, mejor dicho, el "notición", de que Pedro Sánchez había decidido cesar fulminantemente a Tomás Gómez y a toda la cúpula del PSOE madrileño por las encuestas cada vez peores y por la corrupción, en la que podía estar metido el propio Gómez cuando fue alcalde de Parla. Por cierto, en su momento el alcalde más votado, con un 75 % de sufragios.

Gómez no ha digerido para nada bien semejante decisión, y no piensa dejarse vencer, es más, él y sus seguidores en el partido piensan montar una guerra contra Sánchez, no sabemos si con ella harán que el PSOE acabe peor en las elecciones de mayo (las andaluzas de marzo irán mejor, gracias a Susana Díaz). No sería la primera vez que un partido político, en cualquier país, se ha auto-desintegrado en una guerra sin cuartel entre sus miembros, los cuales incluso veían bien la derrota electoral porque creen que perjudica a su adversario, a ellos mismos nunca, por supuesto.

Desde que Pedro Sánchez fue elegido en unas primarias Secretario General del PSOE, ha tenido muchos errores de bulto, de principiante. Podría empezar con el que fue de campeonato, como su inefable llamada telefónica al programa televisivo Sálvame de Telecinco, como si creyera que así ganaba votos entre las amas de casa (las marujas, vamos), y romper esa imagen de que los de izquierdas son unos pedantes que, como en las películas de Woody Allen o de Éric Rohmer, ligan con mujeres soltando discursos en donde se ponen trascendentes hasta para decir qué hora es o si las invitan al cine, es sólo para ver películas de Arte y Ensayo pedantes hasta decir basta. Se equivocó igual que Mariano Rajoy asistiendo al preestreno de una de las entregas de Torrente, aunque dicho personaje cayera simpático a buena parte de su electorado.

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Otro error de bulto fue la reciente firma de la Ley que incluye la cadena perpetua revisable, que podría servir contra asesinos y terroristas, pero sabiendo que el ser humano es traicionero, muchos la aprovecharían para calumniar a alguien que les caiga mal, por ejemplo un compañero de trabajo que nos estorba para ascender en la empresa, o el novio de una chica que nos atrae sexualmente (por amor, de vez en cuando), o hijos con complejo de Edipo que denunciarían a su propio padre con tal de quedarse a solas con la madre (no es una exageración, hay casos reales como estos, mil veces peores y muchísimo más sórdidos, busquen en Internet). Por ello digo que esta Ley sirve tan poco como en EEUU, pésimo ejemplo para el mundo del Ojo por ojo.

Hay mucha corrupción en el PSOE, como en cualquier partido, y en la propia Comunidad de Madrid han saltado casos sonados, con algunos alcaldes imputados o en prisión. Pero Sánchez ha sido precipitado. Igual que lo ha sido la encuesta de Demoscopia para El País, que parece comportarse más como medio al servicio de la vieja guardia del PSOE, que manda en la sombra (acusan otros a Rubalcaba de estar detrás del follón del cese).

A un mes de las elecciones andaluzas y tres de las municipales y autonómicas, veremos si lo supera o será su tumba política. Y los de Podemos, más hábiles e inteligentes que saben conectar mejor con la gente, se frotarán las manos, lógico. El PSOE hace tiempo que se quedó anticuado en muchos aspectos, sólo hace falta oír hablar a José Bono con sus modales de pueblerino anclado en el siglo XIX en cualquier entrevista. Por ello, el partido de Pablo Iglesias le supera sin despeinarse en las encuestas.