El líder de Ciutadans, Albert Rivera, recibió hace poco insultos en su página de Twitter por colgar un tuit en catalán, lengua que casi nunca utiliza en ese medio, sólo en el Parlament. Sorprendió a muchos, cuando hay gente que utiliza más de una lengua en su Twitter sin que le pase nada (yo mismo escribo en tres lenguas, catalán, español y francés, y si alguno no entiende, que use la traducción automática que hay en Internet).

Más aún, ha sorprendido que la página web de Ciutadans se ha actualizado y lo ha hecho con una sorpresa desagradable: ha suprimido la sección en catalán, incluso para su propia Política en Catalunya, y sólo ha dejado la web en español.

No se sabe si lo hace por esos ataques a su líder, lo que demostraría pocas agallas por parte de él y del partido entero, o por querer ganarse como sea al electorado español, al ver que incluso en Andalucía, donde la manera de ser de sus habitantes es tan distinta de la de Catalunya o Madrid, podría conseguir algún escaño.

Rivera, ya lo conocemos bien en Catalunya, va con doble personalidad: en Catalunya es el fiero defensor de los valores hispánicos con un cierto toque de modernidad, y en España es eso mismo, aunque cuando va a La Sexta Noche muestra una cara de moderado, que no se deja amilanar ni siquiera cuando discutió a gritos en el plató con Montserrat Salvador, también catalana y del PP, que yo los vi y me provocó la risa, ya que aquella discusión era más teatral y falsa que una moneda de siete euros.

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La Política obliga a adoptar infinidad de caras para cualquier situación, incluso cuando hay que pactar con Regímenes dictatoriales como Arabia Saudí para conseguir petróleo, o con Rusia para conseguir gas, o el numerito que montaban los políticos de cada país que recibían al desaparecido Muamar El Gadafi, al cual dejaban montar su jaifa (tienda beduina) en el mismísimo jardín del palacio en donde se hospedaba. Pero lo mismo pasa con los votantes que se quiere ganar como sea, o los inversores que hay que complacer para que inviertan en lo nuestro.

Más absurda ha sido la estrategia que ha elegido el PP para atacar a Ciutadans si le quita votos: que sus dirigentes hablen de ellos no con el nombre en español, Ciudadanos, ni Movimiento Ciudadano, sino con el nombre en catalán, y si hace falta, exagerar su pronunciación hasta que parezca cursi y repulsiva, como se hace con las palabras francesas cuando se quiere atacar a Francia. Deben de creer que les da votos todo lo que ataque a Catalunya.

Incluso si es contra sus propios aliados naturales.

Ridículo, entonces, ha sido escuchar a un importante dirigente del PP intentando decir Ciutadans, pero muy mal, convirtiendo el nombre en Ciudatans (sic). Es peor que aquella frase de "Au revoire, que dijo Voltaire" (leída tal como se lee en español). Los políticos, obsesionados con la frase que les dé minutos de gloria en la tele, o el titular que les haga quedar bien en los periódicos, sólo consiguen que les salga bien de vez en cuando.

Pues es una forma fea de tratar a sus aliados. El director de VilaWeb recordaba que Rivera, por ser catalán, nunca conseguirá ganar en España, algo que jamás han conseguido catalanes en la España moderna. Miquel Roca fracasó en 1986 con el efímero PRD. Y el dibujante Ferreres lo mostraba en un chiste: Zapatero celebra el 200 aniversario del Dos de Mayo. Josep Montilla le pregunta qué hacen ahí los catalanes, y él dice: "Vosotros seréis los fusilados de la Moncloa". #Cataluña