Estimado señor Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno de España. A colación del Debate del Estado de la Nación, yo, Pedro González Núñez, a título personal, le deseo hacer llegar unas palabras que probablemente no sean de su agrado, aunque imagino que le dará igual, tal y cual parece por lo que se deduce de su discurso en el Congreso de los Diputados.

Señor Rajoy, me parece indignante que usted use una cámara pública para hablar de que el sufrimiento ya ha pasado. Que lo peor quedó atrás y la crisis ya ha acabado. Imagino que en el Hemiciclo habrá pocos diputados que hayan sentido tanto como los pobres esta "recesión temporal", como algunos la quisieron llamar.

Pero para mí, igual que para otros 13 millones de españoles, no solo no se ha acabado sino que cada día es más cruda y dura. Porque si no ha leído las noticias, sepa que más de un cuarto de los 45 millones de españoles vive en condiciones de pobreza y riesgo de exclusión social. Por eso me parece especialmente indignante, vergonzoso y vergonzante que usted salga a un espacio público a decir que lo peor ya ha pasado, que sus políticas han sido las correctas y que vamos en el buen camino.

Señor Rajoy, un político que se precie, jamás debe ser jactancioso. Sacar pecho de lo bien que lo hace uno mismo cuando hay miles de niños a los que usted representa como Presidente del Gobierno de España pasando hambre es una vergüenza nacional. Y nosotros, como pueblo, jamás deberíamos dejar que un señor así sea la persona que vela por nuestros intereses.

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Millones de personas en este país, incluso trabajando, no duermen por las noches porque no saben cómo van a dar de comer a sus hijos, si van a perder su vivienda o encontrarán por fin un trabajo después de años en paro. Y usted alardea de lo bien que le han ido sus políticas al país.

Señor Rajoy, usted se enzarza en debates políticos e ideológicos absurdos con partidos que aún no están en el Congreso, se dedica a insultar a la Oposición y se vanagloria de sus triunfos mientras entra en todo tipo de peleas, trifulcas y riñas con el insulto incluido. Todo esto lo hace no solo mientras una gran parte de la población cuyos intereses debe defender pasa hambre y frío, también lo hace a la vez que desaparecen de forma sospechosa pruebas clave de casos de corrupción en su partido.

Pero para eso no da la cara. Es muy fácil salir a un espacio público a gritar sus verdades del barquero y darse golpecitos en el pecho por lo bien que lo ha hecho. Pero no tanto lo es decir que su partido está plagado de corruptos, muchos de ellos ya por fin en prisión, aunque algunos con vacaciones en Baqueira Beret en mitad de su condena.

En lugar de dar la cara, echa más leña al fuego acusando a los demás. Pues limpie primero su casa antes de mirar a la de otros. Y por cierto, yo no me puedo permitir ni el forfait de un día en una estación de esquí. Y como yo, el 95% de los españoles que tanto nos beneficiamos de sus políticas de austeridad y que tan "agradecidos" le estamos por sacarnos de una crisis fomentando desigualdades, pobreza, desahucio y paro.

Señor Rajoy, yo no le voté. Tampoco lo hice anteriormente ni lo haré nunca. Solo quiero expresar libremente mi indignación como ciudadano cabreado que se enfada aún más cada vez que le escucha decir triunfalismos. Sepa que tanto yo como muchos españoles pensamos que el verdadero nombre del debate debería ser algo como deplorable Debate sobre el Estado de la Nación. A eso ha llegado lo que debería ser la casa del pueblo, el Congreso de los Diputados.