Según el estudio del CIS del 2012 y la encuesta de Metroscopia publicada por el diario El País en el 2014, más del 60% de los ciudadanos son partidarios de reformar la Constitución española.

Ahora más que nunca nos planteamos si lo mejor para todos nosotros sería cambiar la Constitución, esa ya un poco arcaica del 1978. Nuestro sistema económico, social, político, y en general todo lo que aborda nuestro día a día, nos ahoga. Si bien es cierto la Constitución del 78 fue un enorme cambio hacia la democracia, pero eso no quiere decir que sea intocable e inmejorable. Nuestro país ha pasado y está pasando por etapas donde se discuten los pilares legales de nuestra Constitución, ya sea por nacionalistas, por políticos, grandes y pequeñas instituciones, y enormes multitudes de ciudadanos.

Es indiscutible que la Constitución necesita un cambio (por mucho que les duela a aquellos que se benefician). Nuestros derechos, nuestras restricciones legales, nuestras oportunidades... merecen un cambio, pues modernizar no quiere decir errar. La problemática se centra en la dificultad que conlleva un proceso como este, ya que el consenso sobre lo que se tiene que reformar no es nada fácil. Es más, ¿qué es lo que verdaderamente debe reformarse?

"Pautas para una #Reforma constitucional" es un perfecto Informe para debatir y reflexionar la necesidad de revisar nuestra Constitución, elaborada por un grupo de académicos universitarios.

Algunos anti-monárquicos se centrarán en los cambios de la Corona y la Monarquía parlamentaria, la cual se rige por los siguientes apartados: Orden sucesorio y otras normas internas de la Casa Real, La potestad de 'indulto' y el 'derecho de gracia, Iniciativa Legislativa Popular, Revisión del referéndum, y Frenar el uso abusivo del Decreto-Ley.

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Quizás otros más reivindicativos se centrarán en los derechos fundamentales, basados en: Vida privada y familiar, Seguridad Social y propiedad privada, Mayoría de edad y del matrimonio homosexual, Derecho al sufragio de los extranjeros, y Abolición de la pena de muerte "sin excepciones" y preceptos obsoletos.

Tenemos también a aquellos que se fijarán en el Tribunal Constitucional, en sus características y pilares más marcados; y finalmente a los más activos políticamente, que cambiarían algunos puntos del modelo del estado, para hacer de esta sociedad una democracia más justa (o no), basándose en estos aspectos: Pactos lingüísticos, Reducir el gasto público y evitar duplicidades, y Partidos menos opacos y apertura de listas frente a la Ley D´hon.

Parece ser que al margen de la dificultad y de la cantidad de detalles que se tienen que estudiar para elaborar tal proceso, hay una gran parte de la población, ya sea el pueblo o los mismo políticos, que dicen basta a tener que aguantas algunos aspectos de la Constitución por amor al arte.

El cambio no tiene que dar miedo a nadie, ni a los que lo piden ni a los que lo evitan. Un cambio hacia mejor tendría que ser más justo, pues ninguno debería salir perjudicado. Y es esta la clave de todo: lo justo o no justo. Pues quién decide qué cambiar o no en la Constitución no siempre es el más indicado. Nuestro acto está aquí en escoger al mejor.