Si ponemos atención a las noticias referentes a los partidos políticos en los últimos años, no cabe duda de que el tema más recurrente es el de la #Corrupción de tanto unos como otros. Unido a esto, y especialmente en las últimas semanas, vemos cómo representantes de todos los partidos salen públicamente a defender a los miembros que han sido criminalizados, pero lo que más llama la atención (o no, porque en España ya es todo normal) es el hecho de que para librarse de las acusaciones recurren a retraer casos de corrupción en otros partidos, utilizando así el llamado ''y tú más''.

Así, en los últimos tiempos hemos visto cómo Podemos se escurre de las acusaciones de las que son objeto vertiendo otras sobre los partidos tradicionales.

Éstos últimos también se han escabullido de igual forma contra la formación de Pablo Iglesias, ejemplo de ello es cómo algún que otro ministro compareció dando una imagen de fortaleza afirmando que perseguiría a cierto miembro de Podemos si había cometido irregularidades fiscales, sin embargo, no mostraba, ni nunca ha mostrado, gran interés por hacer lo propio con los grandes evasores fiscales del Estado.

Pero refiriéndose al caso concreto de Podemos, ver que una formación nueva y rompedora, que pretende cambiar el sistema por completo, también ha caído en este vicioso juego, invita a un análisis profundo de la sociedad y la política española. ¿Nuestro problema es que nos han gobernado unos en vez de otros? ¿Cambiaría nuestra mentalidad como sociedad en caso de que un partido nuevo entrara a gobernar? Mi respuesta a estas preguntas es no.

Vídeos destacados del día

Los españoles tenemos problemas de base, de raíz, de mente. Este continuo ataque entre las formaciones políticas es síntoma de los principios en los que se basa nuestra sociedad: "Yo soy malo pero tú peor, voto más en contra de uno que a favor de otro, si no hace tal cosa no es un buen español" y un largo etcétera.

Frente a este siniestro panorama, lo único que la sociedad debería hacer es replantearse sus ideales y renovarlos por completo, dando lugar a un proyecto de país que no se base en la persecución continua y constante. No sé cómo ni cuando, pero creo que ésta es la mejor opción, tanto que si en verdad transformáramos el pensamiento de la sociedad quizás ya no quedarían ni siquiera casos de corrupción con los que atacarse continuamente. Aunque sea difícil ésa es nuestra obligación, pero claro, después de esto mucha gente me dirá: ''Eres un fatalista'', ''No estamos tan mal'' o ''Tú también cometes esos errores''. Qué círculo más vicioso.