Ayer España amanecía con las portadas de sus siete cabeceras nacionales de referencia (El País, El Mundo, ABC, La Razón, 20 minutos, La Vanguardia y El Periódico) "secuestradas" por un anuncio gigante del gran imperio de la familia Botín. El Banco Santander y sus nuevas becas ocupan la primera plana de estos medios como si el martes 27 de enero de 2015 hubiese sido simplemente un borrón informativo. Fue curioso llegar al quiosco por la mañana y solo encontrar publicidad. El primer pensamiento de la mayoría: ¿no ha pasado nada? ¡Lo hemos conseguido, al fin, hay paz en el mundo!

Pero no, nada de eso. Lo que ocurría era que la libertad de prensa en este país se ha visto violada por un gran banco con tanto poder como para comprar las portadas de todos estos periódicos.

¿Cómo podemos estar seguros de que la información interior no está también manipulada por este gigante, o por otros? Twitter se incendiaba con esta idea. Muchos eran los que reflexionaron sobre la campaña de marketing del Santander: se hace visible en los medios y se convierte en trending topic. Un dos por uno. Aunque, ¿a qué precio? Se le ha dado visibilidad, sí, pero ¿para bien o para mal? Lo que está claro es que los que salen perdiendo son los periódicos que se han vendido, eso sin duda.

Muchas, y muy diversas, han sido las reacciones en las redes sociales. El rechazo está claro: los usuarios de Twitter se han indignado. Y, cómo no, Pedro J. Ramírez, ex-director de El Mundo, no pudo hacer oídos sordos a tal aberración. Sus tuits dejan muy clara su opinión al respecto: "La prepotencia del Santander al comprar las portadas de los periódicos es un disparate táctico pues sugiere que también maneja lo de dentro".

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O, en otro tuit, "Si yo hubiera sido director de periódico no habría aceptado una publicidad del Santander a toda portada con la mancheta incluida". La crítica al "secuestro" de los diarios generalistas es clara: el Santander quiere demostrar quién manda y ha encontrado la mejor manera para hacerlo.