Tiene gracia que sea precisamente nuestro presidente, Mariano Rajoy, el que se vaya a Grecia en apoyo de Samarás para que su partido siga destrozando la dignidad de aquel país y advierta de la frustración generada por prometer imposibles. Pero no es tan gracioso cuando leemos el programa electoral con el que se presentó y ganó por mayoría absoluta los últimos comicios y observamos que lo ha incumplido punto por punto. La herencia recibida y todas esas cantigas que ya no cuelan. No parece que sea la persona indicada para hacer tales afirmaciones.

Un hombre que mintió al electorado español para ganar unas elecciones en las que realmente no tenía por qué hacerlo, deslegitima todo este tipo de afirmaciones que puedan salir de su boca.

Al fin y al cabo, hace cuatro años tenía la presidencia asegurada. José Luís Rodríguez Zapatero ya había hecho todo el trabajo por él. ¿Qué necesidad había de prometer tres millones y medio de empleos cuando se sabe que era prácticamente imposible con la política de recortes y austeridad brutal que imponía Bruselas y Alemania? De hecho, hoy tenemos medio millón de trabajadores menos que cuando entró y la percepción de la situación económica no es mucho mejor.

Rajoy y la falta de dignidad y memoria

Es indignante lo de este político. Aunque no es nada a lo que no nos tengan acostumbrados los de su calaña. No puedes plantarte en Grecia y tratar de meter el miedo en el cuerpo a los votantes que llevan años sufriendo la ineficacia y abusos del gobierno de Samarás. Syriza tendrá lo suyo, pero de cara a un trabajador parado que lleva años sin ejercer y busca un soplo de aire nuevo, al menos es una esperanza.

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En este caso, parece que el dicho de más vale malo por conocido que bueno por conocer no se debería aplicar. El presente es tan nefasto que somos capaces de agarrarnos a un clavo ardiendo con tal de probar algo diferente.

Es evidente por otro lado que Mariano Rajoy está haciendo campaña española. Conoce la repercusión de sus palabras y sabe que esto llegará a España. Así mata dos pájaros de un tiro, ataca a Syriza en Grecia y a Podemos en su país.

El miedo atenaza al presidente, ya que las encuestas no auguran nada bueno para su formación. Lógico, tras cuatro años de gobierno nefasto, es sensato buscar otras opciones por parte del electorado. No obstante, su reacción, en lugar de intentar ganarse a la gente gobernando para ellos, es meter el miedo al lobo. Ya veremos, si alguna vez el lobo llega a mandar, si es tan fiero como lo pintan. Yo tengo mis dudas.

En conclusión. No sorprende que Rajoy diga que prometer imposibles genera frustración. Él mismo lo ha hecho y comprueba a diario en sus propias carnes la que ha provocado entre sus conciudadanos.