No hay mucho para ver, el PSC se hunde como un barco de papel y su dirigencia no parece tener remedio para el mal que lo aqueja, la falta de apoyo en las últimas municipales y las últimas elecciones catalanas lo arrastran al abismo de forma inevitable.

Es evidente que no es sólo su capitán sino su tripulación la que falla, digamos que el barco es bueno, pero que quienes intentan navegar en él dan muestras de estar desorientados, de haber perdido la brújula, de no saber qué rumbo tomar e incluso no reaccionar ante tal situación.

No es precisamente un partido antiguo, apenas 36 años no son demasiados para lograr forjar una trayectoria, o quizás demasiados, según se mire, pues en todo el mundo llamarse socialista es sinónimo de lucha, de rebeldía, de entrega, de movimiento, de poder de convocatoria, de creadores de masa crítica, de defensa de las clases sociales desprotegidas, de defensa de los trabajadores.

Poco existe hoy de esa identidad en el PSC, poco tiene el partido que hoy comanda Iceta de ser un partido que represente a la clase obrera, poco tiene el PSC de ser un partido capaz de transmitir confianza y ha perdido casi en su totalidad el poder de convocatoria, en resumen: el PSC se encuentra en estado de analepsia.

Y por si fuese poco se juegan su futuro en las próximas citas electorales. Son citas por demás complicadas y no se percibe en sus filas capacidad de reacción, ni movimientos que auguren una mejora en su actual coyuntura. El proceso soberanista lo ha desgajado, pero eso no sería problema serio si su dirigencia moviliza sus piezas y juega sus cartas, casi al todo o nada, pero en realidad no tienen nada que perder y sin embargo mucho por ganar.

El 24 de mayo, las próximas municipales, el panorama se les presenta negro y por extensión, el peso político en las diputaciones seguirá barranca abajo, los consejos comarcales también han sido bastiones perdidos por los socialistas y las encuestas arrojan previsiones de voto que los alejarían aún más del poder que otrora supieron ostentar.

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El PSC, de no cambiar el rumbo se dirige al abismo irremediablemente.

Por esa misma razón nadie le quiere poner el cascabel al gato, por tanto Iceta tendrá que poner el pecho a las balas y demostrar su liderazgo. Nuria Padrón es la única capaz de hacerle sombra, pero dudo que la alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet reúna los apoyos necesarios, se dice que en las malas se ven los buenos pero lo cierto es que dentro de PSC reina la apatía. Han bajado los brazos y es complicado aventurarse a lo que va a pasar, pero de momento el diagnóstico es desolador, Iceta y su equipo necesitan y ya, elaborar una estrategia que los lleve a recuperarse, no tienen más, o no tendrán poder que repartir, sino algunos pocos y testimoniales escaños.

Curiosamente la posible renovación estaría a cargo de mujeres, entre ellas podría estar Carme Chacón a la cabeza de la lista de Barcelona, aunque debería pasar el filtro de las primarias, algo que es sólo un trámite. Farrés, Escarp o Bonet podrían ser la vanguardia de esa pretendida renovación y es bien sabido que hay muchos nombres para pocos sillones, si se pretende aspirar a sumar a Iceta sólo le queda mojarse por aquellos que considere mejores.

Y para eso va a necesitar mucho más que sangre fría y poder de deducción, lo dicho, el PSC tiene todo un desafío por delante ¿estará Iceta de verdad a la altura? #Gobierno #Cataluña