El líder del #PSOE Pedro Sánchez da poca sensación de consistencia, llegó con aparente fuerza, buena percha, educación, juventud y parecía cara a la opinión pública que tenía visos de poder llegar a más votantes que un desgastado Rubalcaba, a quien los años de gobierno y una trayectoria demasiado larga, lo hacían poco apto para el objetivo del PSOE, volver al gobierno.

Los meses han ido pasando y también parece que Pedro Sánchez está perdiendo gas, disensiones en una directiva socialista que es menos compacta de lo que pudiera parecer pese a su renovación y la sombra de Susana Díaz, como un fantasma que permanece pese a que en más de una ocasión haya aseverado que, por el momento, la presidencia de la Junta de Andalucía es lo que le interesa.

Podría pensarse que la vieja escuela del PSOE, al menos, pudiera estar apoyando a Sánchez, pero a la hora de la verdad le están dejando bastante solo. En el día de hoy se ha conocido la reunión que hubo en la casa de José Bono entre #Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y el ex presidente Zapatero. Parece sintomático que pesos pesados socialistas se reúnan con los representantes del mayor rival en la izquierda que tiene su partido.

Querían conocer según se ha sabido las intenciones del partido y su visión de aspectos de la política interior y exterior. Algo lícito y hasta sano, pero algo falla cuando el candidato socialista desconocía la reunión. Desde hace muchos años Bono, el iniciador de la reunión, mantiene una buena relación con el padre de Pablo Iglesias, ya que defendió al padre del líder de Podemos.

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Una reunión privada de la que pese a haber quitado importancia en principio, el propio Zapatero o alguna gente del partido, si que puede haber molestado en ciertos sectores.

En el PSOE no hay unidad ni se termina de ver una opción seria para luchar por la Moncloa, de hecho, parece que el partido de Pedro Sánchez vive más ocupado en intentar no perder más votos con la irrupción de Podemos que en presentarse como una opción de fuerza contra el Partido Popular. Momentos bajos para un partido socialista que no solo no ha ganado votos con estos meses de corrupción y escándalos sino que cada vez parece más frágil, como su líder.