Quién no alguna vez ha soñado con volver a esa noche de intriga y nerviosismo, esa noche mágica de insomnio en la que nos echaban nuestros padres pronto a la cama o no llegarían los Reyes Magos. Nosotros obedientes acatábamos el mandato sin rechistar y hacíamos caso omiso recostándonos aunque sin poder dormir hasta que el cansancio hacía mella en nuestros pequeños cuerpecitos. Esa noche de fantasías cumplidas, o no en algunas casas o por alguna circunstancia.

Ese Melchor, Gaspar y Baltasar, que cuenta la leyenda que viajaron guiados por una estrella en el cielo desde el lejano Oriente hasta el portal del niño Jesús ofreciéndole sus mejores regalos, cuentan que llevaban camellos en sus andaduras. Cuentan que uno era negro, otro rechoncho y el otro flacucho.

Oro, incienso y mirra, han sido cambiados por camiones, muñecas y bicicletas. Ahora por ordenadores y móviles, pero siempre con la misma ilusión y esperanza en esa noche de regalos que marcará el final de estos días de Navidad.

Esos vasos de leche, con sus copitas de chinchón y galletas, preparados para dar sosiego a sus majestades a su llegada, cansados de tanto viajar entregando a todos los niños del mundo sus ofrendas deseadas y ansiadas, o por lo menos solicitadas por previa carta y entregada en mano o por mediación de los pajes de los reyes... Pero la realidad no es tan soñada. Se desconoce mucho del tema de los Reyes Magos. De cuántos eran en realidad y de dónde procedían. Son personajes de la Biblia, citados en el Nuevo Testamento, pero de los que constan pocos datos argumentados. Parece ser que por el hecho de que llevaran tres dones se supone que ellos eran tres también, aunque se ha llegado a decir que eran dos, cuatro, siete y hasta doce.

Como curiosidad vale decir que en la actualidad en la catedral de Colonia se veneran los restos de los Reyes Magos, en una urna dorada colocada en el altar mayor. En los escritos de San Mateo se deja entrever que dichos personajes eran conocedores del movimiento de las estrellas, astrónomos, y que Herodes, en su afán de lograr encontrar el lugar de nacimiento del que llamaban Mesías para asesinarlo, los mandó a seguir esa estrella nueva que había aparecido en el firmamento, con la esperanza de que le condujeran ante él, hecho que los reyes desconocían, claro está.

Y así, a raíz de todos los datos que se iban recopilando, han llegado a nuestros días con la imagen con la que les conocemos. A partir de aquí, que cada uno crea lo que quiera. Yo, desde luego, seguiré creyendo en ellos como los conocí en mi niñez. ¡Feliz Noche de Reyes! Espero que hayan sido buenos y les traigan sus deseos. Seguiré con la tradición. #Navidad