Cuando ya sabemos sobradamente que las piedras no hablan y que las alucinaciones tienen que ver con desórdenes psíquicos de diversa índole o con el consumo de sustancias psicoactivas, resulta chocante encontrarse con quienes creen que las piedras hablan y que sus alucinaciones, o la de los personajes que admiran, son revelaciones... normalmente de algún tipo de entidad que habla el idioma de las piedras.

Mahoma, a quienes sus vecinos llamaban Muhámmad, tuvo una revelación. En la lengua de las personas razonables: algún tipo de enfermedad psicológica o el consumo de determinada sustancia psicoactiva causó en él una suerte de estado cognitivo, mediante el cual se dio cuenta de que sus vecinos eran unos salvajes que necesitaban seguir ciertas normas de higiene.

Pero claro, no fue un estado de aprendizaje normal, sino una alucinación con réditos cognitivos. Así que creyó que Alá, un dios del que ya había oído hablar, le había hablado a él. Esto es lo que comúnmente se llama una "parida".

El caso es que algunos de los parientes de Mahoma se percataron de que la genial idea de lavarse las manos antes de comer solo se le podría haber ocurrido a una deidad, así que, obviamente, el bueno de Muhámmad tuvo una revelación de Alá. Arropado por su pequeño grupo de feligreses, Mahoma se dedicó a viajar por La Meca, contándole a todo el mundo que Alá le había dicho que era conveniente mantener cierto grado de higiene, algo incompatible con el cerdo.

El caso es que los mequeses no veían con buenos ojos la cháchara de Mahoma y sus Historias de revelaciones divinas.

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Es probable que su adicciones no pasaran desapercibidas en su ciudad natal. Todos conocemos a los borrachos de nuestro pueblo. En cualquier caso, Mahoma no se sintió desanimado, así que hizo tratos con unos hombres de negocios de la ciudad de Yathrib. 622 años después de que una secta de aficionados a los faldones se dedicara a predicar las aventuras de Jesús, un alucinado que presumía de árbol genealógico, Mahoma emprendió su particular odisea mística: se mudó de ciudad con el grupo de ingenuos que se creyeron que lo de su genial idea de no ser guarros (y no comer cerdo) se lo había revelado Alá.

Esta memorable hazaña se llamó "hégira". Mahoma le cambió el nombre a la ciudad, que pasó a llamarse Medina y empezó a contar los años desde ese momento. Como en La Meca y en el resto de ciudades no encontró nuestro alucinado charlatán patrocinadores, decidió que lo más inteligente era someter a estas ciudades. Y así lo hizo.

La historia de Mahoma no es muy exclusiva en realidad. Personas desequilibradas, drogadas o ambas cosas se han mezclado con intereses económicos y políticos, a partir de lo cual han surgido las religiones.

Estas cuentan con un componente dogmático, necesario para creer a pies juntillas las tonterías que diga el alucinado/enfermo que pille más cerca al incauto creyente. A esto se le llama fe y es una forma muy burda de manipulación. Suele ser muy útil para matar a los demás, sobre todo cuando van diciendo por ahí que los profetas de turno (o los dioses, según  la Religión en cuestión) son unos cantamañanas (o no existen).