Acabamos de sufrir un nuevo atentando yihadista y ya estamos recibiendo las mismas informaciones de siempre. ¿Realmente el recorte de libertades va a traer más seguridad a los ciudadanos europeos? Si nos atenemos a los hechos y lo que hemos vivido en el pasado, la respuesta es un rotundo no.

Ya pasó algo similar años atrás con el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, por ejemplo. Hubo recortes de Libertad para luchar contra el terrorismo e incluso se invadió Irak. Pero es evidente que el resultado obtenido no pudo ser más desastroso. No solo no se contuvo el terrorismo islamista, poco después llegaron los atentados de Madrid y Londres.

Así pues, a día de hoy, se ha agravado.

Si me preguntan, diré que hoy me siento menos seguro. Lo último ha sido el asesinato de Charlie Hebdo, pero si observamos el panorama, y no pretendo ser agorero, lo normal es que no se quede ahí. Dado el estado de miseria en que se hallan países como Irak tras la intervención militar de los norteamericanos, la desesperanza y el odio a Occidente ha dado paso a la creación del peligrosísimo Estado Islámico.

En el citado estado, el odio y el resentimiento hacia el infiel occidental es total. De hecho, cientos de jóvenes europeos están emigrando hacia allá para hacer la Yihad. Y está claro quién es su enemigo. Somos nosotros.

Es decir, que si el recorte de libertades para la lucha contra el yihadismo va a ser igual de nefasto y contraproducente a medio y largo plazo como lo ha sido hasta ahora, yo digo que no.

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Que se queden quietos en casa y sigamos como estamos. Para empeorar las cosas, siempre hay tiempo. No hace falta que encima lo provoquemos.

La Yihad y las cruzadas

No puedo evitar encontrar cierto paralelismo con esta Yihad, empeñada en cortar la cabeza del infiel, y las cruzadas cristianas de la Edad Media. Aquel empeño de reyes y papas por recuperar los lugares sagrados.

Al final, no dejan de ser excusas de muchos inadaptados y faltos de escrúpulos para enriquecerse, raptar y violar y justificar su falta de moral.