El trabajo, los estudios y los deberes de responsabilidad social a los que las personas estamos sujetas en el transcurso de la rutina diaria, hacen que nuestros niveles de estrés aumenten, llegando a veces a alcanzar puntos tan álgidos, que ponen en peligro la integridad de nuestra salud física, psíquica y emocional.

Obsesionados por cumplir con los tiempos, los horarios y plazos que marca nuestro sistema, la mayoría de la gente va y viene, armando y deshaciendo planes, intentando programar y repartir sus valiosos minutos de vida en función, de agendas, relojes y calendarios.

Muchos viven como si no hubiera tiempo para llevar a cabo ninguna otra tarea que se escape de la rigurosidad implícita que conlleva la  "programación previa de todo cuanto hacen".

Los menos flexibles, se han acostumbrado tanto a vivir bajo estos estados de estrés que implica el estar permanentemente atado a listas de actividades y compromisos pendientes de los cuales no pueden (o no quieren) librarse; que han perdido la capacidad de disfrutar del momento presente; de aquello que están viviendo en directo, precisamente por estar pensando en la llegada de la próxima actividad planeada.

Así sus vidas pierden progresivamente el gusto por la espontaneidad, atrofiándose su capacidad de improvisación ante situaciones que quedan fuera de sus esquemas ya preestablecidos.

Según una reciente investigación llevada a cabo en la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) y publicada en la revista Trends in Molecular Medicine, "existen ciertos factores ambientales y sustancias tóxicas que provocan una aceleración en el proceso de envejecimiento de una persona, así como una disminución drástica de su esperanza de vida." El tabaco, el sobrepeso, la sobreexposición al sol y el estrés son algunos ejemplos.

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El estrés, aunque no se considera una sustancia, actúa como un aliado del envejecimiento prematuro. Si bien unos niveles mínimos de estrés en nuestra rutina, entendido como una situación de tensión física o emocional ante unas circunstancias concretas; pueden potenciar nuestro máximo rendimiento; en niveles máximos provoca una disminución de nuestras defensas, un aumento de enfermedades cardiovasculares, un impacto negativo en la memoria y la disminución de la encima telomerasa, que es la encargada de reparar los telómeros; relacionados con el envejecimiento.

"Estresarse nos lleva por senderos peligrosos donde lo que arriesgamos es la vida", aseguran los autores de estos estudios.

En medio de esta caótica sociedad regida por tiempos aún más caóticos; es aconsejable reservar al menos unos cuantos de los 1440 minutos que nos regala cada día, para relajar nuestro cuerpo, nuestra mente y encontrarse con uno mismo. Cada minuto cuenta.