Anoche el Presidente del Gobierno concedió en #Telecinco una entrevista realizada por Pedro Piqueras. Aunque hoy los medios se afanen en buscar un titular, la realidad es que no lo hubo.

#Mariano Rajoy pasó sin pena ni gloria por casi todos los temas de actualidad, sin cambiar el discurso de autocomplacencia mantenido durante este tiempo. Verdades a medias que suenan a medias mentiras.

Así, despachó al señor Bárcenas con el criterio de siempre, desmintiendo lo que él dice, y negándose a debatir cada vez que el ex contable de su partido le acuse de conocer la contabilidad oculta del PP, o incluso de lucrarse de ella.

¿No debería un presidente de gobierno denunciar las calumnias de un preso que le acusa de hechos delictivos? No, a Rajoy le vale con no hablar más del tema.

Acerca de la gestión económica se mostró complaciente, nada nuevo, con la situación actual del país, lanzando promesas al aire, como la creación de 550.000 a 600.000 empleos en 2015. "Pero será insuficiente", admitió. "Por eso creo que tenemos que mantener la política económica que sé que ha molestado a mucha gente. Si ves que ha sido útil, y lo estamos viendo, es muy satisfactorio. En poco tiempo vamos a recuperar la situación pasada".

Para Rajoy, el 75% de los contratos de este país son indefinidos. Al menos rebajó el tono utilizado por su ministro De Guindos hace unos días, que opinó que "se ha perdido el miedo a perder el puesto de trabajo".

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Pero no asume responsabilidad alguna sobre los sueldos precarios, que se acuerdan, alega, entre las organizaciones sindicales y empresariales.

El presidente olvida que el sueldo mínimo interprofesional, el que da derecho de ley a una empresa a pagar a un trabajador 645,30 euros al mes por ocho horas de trabajo diario, sí es su responsabilidad. Sueldo mínimo que estuvo congelado durante cuatro años, y que cuya subida de este año será de 3,3 euros al mes. Esas mismas organizaciones sindicales a las que alaba por sus acuerdos alcanzados con los empresarios para la reforma laboral de 2012, "acuerdos decisivos para la recuperación económica", le demandaban una subida del 12,5%, muy lejos del 0,5% que ha aprobado.

En definitiva, Mariano Rajoy intenta tocar el suelo con sus pies, pero no le sale.

Quizá no entienda que las voces de la calle no demandan sólo una recuperación económica, o que los culpables de tanto desfalco económico estén en la cárcel, faltaría más.

Lo que la gente demanda es un cambio estructural.

Una manera diferente de hacer las cosas. Una máxima que diga que lo primero son las personas, los trabajadores, por delante de grandes empresas, cifras y deudas externas. Lo que la gente necesita es ver esa recuperación en sus carnes y la de sus familias. No ver cómo se siguen despidiendo trabajadores y cerrando fábricas, mientras escucha al presidente decir por la televisión que "lo bueno empieza ahora", horas después de que el único condenado por la contabilidad oculta del partido del gobierno salga de la cárcel.

Entiende, dijo, que el descontento abra nuevas ideas, pero recuerda que sólo los gobiernos tradicionales han mantenido el bienestar y la riqueza en Europa, en alusión directa a la victoria de Syriza en Grecia e indirecta al crecimiento de Podemos en España.

Pues bien, el estado de bienestar está, cuando menos, en entredicho, y la riqueza se amontona siempre en las mismas manos. ¿Eso es lo que cree el presidente que queremos preservar?

"Denunciar es fácil, lo difícil es gobernar". Sí, señor Presidente, gobernar debe ser muy difícil.