Toda la pesadilla que empezó en París, Boulevard Richard-Lenoir, antes del mediodía del 7 de enero y el no menos terrible final del 9 de enero en una imprenta y un supermercado Kosher (carne cocinada según los ritos judíos), parece que ha llegado a su fin.

Como todos los periódicos del mundo han informado con detalle de lo que ocurrió la mañana del miércoles 7 de enero, poco hay que añadir a lo que ocurrió. Por supuesto, Charb y sus compañeros que murieron con él no podían prever que acabarían su vida de aquella manera, sobre todo él, que aún no había llegado a los 50 años de edad, y Wolinski era el más veterano, pasando de los 80.

Según confiesa la periodista francesa de origen magrebí Zineb El Razhoui, que trabaja en la revista desde 2011, en los últimos meses Charb, como director de la misma, estaba preocupado en que sufre desde hace tiempo, como muchas publicaciones, de una grave asfixia financiera, de reducción de ganancias y de tener que reducir plantilla si no se conseguía más financiación, aunque él llegó a suplicarla incluso al Presidente Hollande, lo que le llevó a decir que tendría que bajar los salarios de sus empleados. Y él, digamos, era el patrón, el empresario que tenía que convencerlos para que aceptaran eso.

No se sabe si con esto, al saberse que Charlie Hebdo estaba en peligro de desaparecer de nuevo, como le pasó en 1981, aumentará sus ventas, pero eso es otra historia, que no hace honor a lo que aportaban Charb y su equipo diezmado por las balas terroristas, un ataque sin concesiones a quienes en nombre de la religión, sea cual sea, han maltratado o masacrado a sus conciudadanos o a los de otros países.

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La búsqueda de los terroristas por toda Francia ha culminado en dos sitios no muy lejos de París, en una odisea y un final que parece sacado de cualquier película de Hollywood o de un episodio de la serie Los hombres de Harrelson, con la SWAT asaltando lugares en donde hay rehenes.

François Hollande ha dicho en su discurso a sus conciudadanos por televisión que muchos líderes mundiales acudirán a la Marcha Republicana convocada el domingo en Francia, y el Primer Ministro, el franco-catalán Manel Valls, lo ha confirmado. Todos quieren dejar claro que no se rendirán por lo que ha pasado, y que Francia recibirá el apoyo del planeta.

Quizá esta reunión no sea la manera más eficaz de ir contra el terrorismo, es muy complejo el problema y cuenta con apoyos de gente igual que cualquiera de nosotros, no por gente aparentemente loca o con delirios de grandeza, que se cree Dios o que quiere cambiar el mundo como quien pide una pizza "a su gusto" por teléfono a la pizzería de la esquina.

La vida sigue, y el diario Libération le dará otra vez asilo a Charlie Hebdo, como hizo cuando su sede fue incendiada en 2011. Continuará su vida editorial sin apartarse de la línea que había tenido hasta ahora, con o sin peligro de ser otra vez atacados por fanáticos, pero los cristianos del Imperio romano tenían coraje y aguantaron estoicamente dos siglos de persecuciones hasta que Constantino se convirtió a su religión.

A Francia le costará rehacerse como era antes de estas masacres, pero si se rehizo después de dos guerras mundiales en que fue invadida, la tenacidad de los franceses les llevará a volver a vivir la vida con ilusión. Eso si demagogos como Marine Le Pen, con su absurda pretensión de instaurar la pena de muerte por referéndum, no lo echan todo a rodar, y la crisis económica le sigue dando votos.