Son datos oficiales del Centro de Investigaciones Sociológicas. La cifra no sería demasiado grave si el 65% restante sí leyese regularmente. Eso dicen hacerlo el 29,3 % de los encuestados, que afirman leer todos o casi todos los días. Sin embargo, dos de cada tres encuestados están convencidos de que en España se lee poco. La comparación con los países más ejemplares educativa y culturalmente, como por ejemplo Finlandia, es contundente, mientras allí la media de libros leídos por habitante al año es de 47, aquí nos quedamos en 8,6.

En cualquier caso, los datos para quienes, además de leer, también nos gusta escribir, no son nada esperanzadores.

Peores aún que los datos sobre hábitos de lectura son los datos de compras de libros en nuestro país, curiosamente uno de los que siempre ha tenido una industria editorial de las más importantes de mundo. Aquí siempre se decía que se leía poco, pero se compraban muchos libros, pues eso de tener las estanterías de las casas llenas de libros propiciaba eso que al español tanto ha gustado siempre, prestigio social. Además, si en España no se leía lo suficiente, al menos estaba el mercado hispanoamericano. Así que, entre unas cosas y otras, a pesar de no ser éste nunca un país de lectores, sí era una país de editores, por no hablar de los magníficos escritores que aquí tenemos y hemos tenido siempre.

Ahora, según los datos últimos de la Federación de Gremios de Editores de España, la recaudación ha retrocedido a los niveles de 1994, y eso ya no es por la crisis económica generalizada que sufrimos, eso es mucho más.

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Internet y la piratería en forma de descargas ilegales está haciendo un daño irreversible a la industria editorial.

En el último año, la mitad de los encuestados no ha comprado ni un libro y el 70% no ha ido a una biblioteca. Teniendo el cuenta que del 30% restante que declara haber ido a una biblioteca, la mayoría han debido hacerlo por motivo de estudios, lo mismo que gran parte de los libros comprados. El panorama es desolador.

Hace unos días, en Albacete, una redada policial acabó con la intervención en dos copisterías y la detención de seis de sus empleados, por fotocopiar libros. Está mal hacer fotocopias de libros, es ilegal, es un atentado contra la propiedad intelectual, pero no parece que sea precisamente en las copisterías donde se esté haciendo el mayor mal a editores y escritores. Libros se han fotocopiado siempre y eso nunca ha causado un grave daño a los editores. El problema ahora es que ya no es necesario ni fotocopiar los libros porque están disponibles directamente en la red.

Las librerías están aquejadas por una crisis que es mucho mayor que la del comercio tradicional, que tampoco es pequeña. Olvidadas por los gobiernos, angustiadas por la crisis y abandonadas hasta por los propios lectores que, deberían ser, sus clientes. Los "chinos" no venden libros, quizá porque sepan que ya no es negocio y que, tal vez, nunca lo ha sido.

Porque un libro es mucho más que un objeto de consumo o un artículo de compra-venta. Un libro es una obra de arte y una herramienta fundamental para promover la cultura, la educación y la inteligencia, individual y colectivamente. Es urgentísimo promover políticas que fomenten la lectura, tanto como buscar los mecanismos que, de una forma o de otra, hagan que las nuevas tecnologías puedan convivir con el papel tradicional y permitan la supervivencia de escritores, editores y libreros.