Durante este mes de enero, la mayoría de los miembros del clan Pujol tendrán que desfilar por los juzgados de Barcelona para declarar como imputados por varios presuntos delitos como son: fraude fiscal, blanqueo de capitales, cobros ilegales de comisiones, tráfico de influencias, cohecho, y seguramente me olvide alguno más, pero es que cuando leo las cifras millonarias que se barajan, me entra un mareo que me descentro. Y es que en mi pobreza de ciudadana de a pie que viaja en metro, nunca he visto, ni veré, tanto dinero junto.

En su defensa, el patriarca del clan, Jordi Pujol, otrora intocable presidente de la Generalitat, explicó que el origen de su gran fortuna es debido a una herencia secreta de su difunto padre, de la que ni siquiera su hermana sabía nada.

Pero por lo que parece, el dinero heredado sería una cantidad mucho menor que la acumulada durante todos estos años por el clan Pujol y por ello deben dar explicaciones más convincentes, pues la matriarca, Marta Ferrusola y tres de sus siete hijos, hace unos meses, y a través del Banco de Madrid, regularizaron fondos procedentes de Andorra. Y esto debió ser un sacrilegio para la familia, con lo catalanes que son ellos. Asimismo, el desfile de la familia casi al completo coincide en el tiempo con las negociaciones del actual presidente de la Generalitat, Artur Mas, para intentar adelantar las Elecciones en Cataluña.

De todas formas, este caso de presunta corrupción no es sino el resultado de una forma de gobernar, que ha salido en este preciso momento a la luz, debido al debate soberanista en Cataluña y el derecho a decidir.

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Sin embargo, la imagen dañada de Jordi Pujol, ya es irrecuperable, pues él siempre se jactó de ser incorruptible. Pero como se decía en "El Señor de los Anillos", el poder de la corrupción seduce incluso a los dioses. Ya que con una mentalidad muy medieval, durante muchos años se identificó a Jordi Pujol con Cataluña, identificación que él alimentó, cual faraón egipcio, sin que nadie se diera cuenta de que estamos en el siglo XXI y que los dioses pertenecen al terreno mitológico. No puede identificarse a ninguna persona con un territorio. Y sobre todo, las personas que habitan Cataluña sólo quieren vivir dignamente y decidir sobre su futuro.