Durante la revolución digital que ha tenido lugar en los últimos años, hemos visto cómo muchas profesiones han caído. Donde antes encontrábamos una plantilla de veinte trabajadores, ahora apenas queda uno de ellos ayudado por un potente sistema operativo o maquinaria que ahorra costes de producción (entendiendo fríamente a este último como el salario del trabajador, bajo la perspectiva del jefe).

El periodismo no iba a ser menos. Antes eran necesarios cientos de reporteros repartidos por diferentes zonas de nuestra geografía para encontrar noticas o contactar con compañeros en la otra punta del mundo. La facilidad para acceder a Internet y encontrar todas las respuestas actualizadas al minuto, ha puesto fin a la tarea.

La Fundación Alternativas, nacida en 1997 y que se define a sí misma bajo la voluntad de ser un cauce de incidencia y de reflexión política, social, económica y cultural en España y Europa, en el marco de una mundialización creciente, ha presentado un estudio donde sostiene la necesidad de hacer ver a la sociedad que hay que pagar por el consumo de noticias, en tanto que se trata de un trabajo arduo y a menudo, peligroso (caso del periodismo de guerra).

Pese a lo alarmante de estos datos, para los profesionales de la comunicación existen diversas razones para considerar esta nueva era una oportunidad de reinvertirse, pues pertenecemos a una generación que a diario pone en marcha nuevos proyectos emprendedores.

Una de las muchas ventajas de esta nueva era, es la posibilidad de establecer un canal de comunicación directo con los lectores, a menudo muy participativos y críticos con el uso de las redes sociales, dando así audiencia al público ciudadano.

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La mayoría de los licenciados en este tipo de materias que no encuentran trabajo o acaban de perderlo, suelen apostar por la fundación de cooperativas que se convierten en cientos de periódicos y revistas digitales, además, es palpable el auge de los nuevos periodistas freelance, como este humilde servidor.