¿Resulta tan descabellado que las mujeres reivindiquen un salario como amas de casa? Conseguirlo sería un gran golpe contra el capitalismo. Así lo afirma Silvia Federici, profesora de la Universidad de Hofstra, en N.Y., que desde los años setenta mantiene un activismo feminista en su afán de conseguir que el empleo doméstico sea remunerado. Pero como pensadora, tiene mucho más que decir.

El rol de ama de casa, en el que hemos sido adoctrinadas, casi desde el principio de los tiempos, se ha disfrazado de romanticismo haciéndonos creer que se trata de un acto de amor. Como dice Federici: "El trabajo doméstico no es un trabajo por amor, hay que desnaturalizarlo".

Pero este rol se ve aún más amenazado por la crisis. Recortes de los gobiernos que, como consecuencia, aumentan el trabajo de la Mujer en el hogar. Menos servicios sanitarios, educativos, públicos, de guarderías, y su impacto directo en la mujer que, en el caso de trabajar fuera de casa, se duplica al tener que asumir, además, labores que, antes de los recortes, eran consideradas de competencia pública. En pocas palabras, tratan de idiotizarnos y de que cada vez nos resulte más difícil ser participativas en movimientos sociales y acceder a actividades que nos permitan desarrollar el intelecto.

A partir de aquí, la supuesta independencia económica de la mujer, desbanca, en cierto modo, el rol masculino como principal mantenedor de la familia y esto hace crecer las tensiones entre las parejas, razón por la cual, como tristemente estamos comprobando, la violencia de género contra la mujer, ha ido mundialmente en aumento.

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Pero no confundamos. La independencia económica de la mujer, obtenida por un trabajo remunerado fuera de casa, está relacionada con los hombres, pero no con el capital.

Las mujeres, "instrumentos" rentables y muy valiosos para el capitalismo, encargadas de parir nuevos esclavos para el sistema, pilares del hogar y sin embargo ignoradas y relegadas a lo largo de los siglos. Mediáticamente, se nos adoctrina en la idea de que se trata de un acto de amor, pero no somos más que meras productoras y reproductoras al servicio del capital. Este adoctrinamiento permite a los sistemas capitalistas seguir atesorando incalculables bienes. Esos que se ahorran de nuestro esfuerzo doméstico y que, en estos tiempos tienden aún más al alza. Es hora de que, tanto hombres, como mujeres, luchemos por nuestros derechos y nos unamos con un único objetivo: cambiar este alienante y engañoso modelo de "familia feliz". Juntos, Podemos.