Los más y los menos hemos echado este fin de semana un vistazo a lo que pasaba en Grecia.

Como anunciaban las encuestas, los socialdemócratas de Syriza han ganado las elecciones, y se han quedado a tan solo dos escaños de la mayoría absoluta. Conocemos el programa electoral, ahora Europa tendrá que negociar.

Tenemos los oídos colmados de oír que Grecia no es España. No lo es, desde luego. Aunque a las familias a las que más duramente ha golpeado la crisis, les cueste encontrar tanta diferencia. El hambre y el frío no entienden de fronteras.

Tampoco Syriza se parece demasiado a #Podemos. Incluso Tsipras se parece más a Sánchez que a Iglesias, físicamente, quiero decir.

Más próximo a IU, el denominador común más importante de estas dos fuerzas, Syriza y Podemos, es la desesperación del votante.

La continuidad, o el cambio propuesto por continuistas, no seducen a nadie. Salvo a quien le va bien así. Y esos son cada vez menos, aunque cada día más ricos.

Desde luego, los de Pablo Iglesias tienen suerte. Por un lado, la corrupción e ineficacia del bipartidismo está haciendo campaña a favor de Podemos. Y por otro, cuentan con Grecia como campo de ensayo antes de la batalla doméstica. Que el vecino se moje cruzando el río antes que tú, es una ventaja.

El primer paso ya está dado, lo han dado los griegos de a pie en las urnas, y Tsipras tiene ahora la pelota que quería encima de su tejado. La deuda de Grecia con Europa será reestructurada, aún queda saber a qué precio.

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Sobre Grecia planean ahora las sombras que pueden poblar los cielos españoles en menos de un año. Los mercados han empezado reaccionando esta mañana a la baja, mal presagio. Pero a los votantes de Syriza poco o nada les importan los mercados, si no son de tomates y verduras. Y esos, precisamente, no bajan sus precios.

Las primeras medidas económicas del nuevo gobierno heleno serán determinantes. Y el abismo del abandono de Grecia de la zona Euro da miedo en Europa. Hay puertas que es mejor no cruzar, se dice en Alemania. Por si se quedan abiertas, quizá.

Grecia no es España y Syriza no es Podemos. Pero como dicen en mi tierra, señor Rajoy, "cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar".