En estos momentos mi corazón está acelerado: acabo de saber por este mismo diario que a partir de este mismo mes de enero tendremos otra subida en el recibo de la luz. Pero no se trata de una subida de un par de euros, sino de 423 € al año. Si tenemos en cuenta que recibimos 6 facturas anuales, eso quiere decir que, de media, cada una aumentará de media 70,50 €. Claro está, la realidad será que en la primera factura del año nos puede llegar una subida de unos 100 €, mientras que en la que recibamos en verano, la subida será de solo 40. Estas cifras no son exactas, por supuesto, sino una estimación hecha a ojo de buen cubero.

Resulta que esta subida está pensada para suplir el déficit tarifario, que es un invento de las compañías eléctricas para asegurarse de que sus beneficios siempre serán mayores de lo que lo fueron el año anterior.

Aunque esto no es más que decir que, lo más probable es que no exista tal déficit, ya que las compañías eléctricas se niegan a ser auditadas para determinar el alcance de dicho déficit.

Por otra parte, a la luz de la caída del precio del petróleo y teniendo en cuenta que en torno a un 40% de la electricidad que consumimos proviene de esta fuente, cabe preguntarse cómo es que en estas circunstancias la factura de luz se eleva a cifras astronómicas, en lugar de reducirse, que sería lo lógico. De hecho, lo que cabría esperar es que esta caída del precio del petróleo supusiera un alivio para el bolsillo del consumidor. Pero Spain is different.

Mientras que me hago esta serie de preguntas, no dejo de pensar en lo que significa un gasto extra de 423 € para la economía de cualquiera. Por ejemplo, una familia que tiene una ayuda de alrededor de 420 € al mes, más los posibles jornales en b que puedan conseguir sus miembros, tendrán que dedicar cada año el pago de un mes para afrontar solo la subida de la factura de la luz.

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¿Y qué hay de la pequeña tasca o tienda de barrio o del típico pub hiperiluminado? Para la pequeña y mediana empresa, que suele tener un consumo de electricidad bastante más elevado que el de las familias, esta nueva subida de la factura puede suponer el fin de su actividad. Bueno, cuando digo "puede suponer" estoy siendo optimista: de hecho, lo va a suponer.

Luego estoy yo, que en estos momentos tengo la cara llena de lágrimas, pensando en la puñalada trapera que será la próxima factura de la luz que llegue a casa: ni a las familias, ni a la pequeña y mediana empresa, ni a mí nos quedará dinero para comprar la vaselina que necesitaremos para que esta clavada nos entre con la mayor delicadeza y suavidad.