Se ha convertido en noticia de alcance mundial casi tanto como el terrible 11-S, cambiando Nueva York por París, pero con autores materiales de la misma ideología: el islamismo radical, que no tiene nada que ver con el Islam pacífico, aunque nadie en Occidente comparta su ultra-puritanismo, pero eso es otra historia.

Charlie Hebdo es como El Jueves y como la desaparecida El Papus, con la cual, desgraciadamente, Charlie comparte el “honor” de haber sufrido también un atentado, en este caso de la extrema derecha, en 1977, al explotarle un paquete bomba al conserje de la revista, que murió en el acto. Precisamente esta última revista era “discípula” del estilo Charlie Hebdo, tanto en la estética de sus cómics como de sus sátiras y críticas.

Los de Charlie no tenían pelos en la lengua, podíamos estar o no de acuerdo con su humor sin concesiones, que no se casaba con nadie, y que en el fondo reíamos a gusto si caricaturizaban a otras personas pero no a nosotros mismos. Es como aquello que dijo la cantante Raffaella Carrá de cómo veía a los españoles: “He visto que les encanta reírse de los demás, pero no que otros se rían de ellos”.

Este estilo de humor, de decir lo que piensas sin pulirlo, hace que Pepe Rubianes, que no fue asesinado pero murió de cáncer tres años después de decir lo que pensaba de la “España unida en peligro” de la extrema derecha, parezca un personaje de Frank Capra. El director asesinado de Charlie, Charb, lo tenía claro: “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”.

Las reacciones políticas han sido las esperadas y las correctas. Incluso Marine Le Pen, la cual fue satirizada por Charlie continuamente (y su padre no menos), ha condenado el atentado y por si acaso ha apoyado a los musulmanes franceses consternados, aunque para contentar a sus propios votantes, ha mezclado inmigración con radicalismo islámico. Aunque la mona se vista de seda…

De las portadas aparecidas bajo la dirección de Charb hay varias memorables. Por ejemplo, una en la que Marine Le Pen, la líder ultra suelta un discurso y se ve que en el interior de su boca no tenía lengua, sino la cabeza de su padre, Jean-Marie, por lo que se deduce que él habla por ella; u otra donde, bajo el epígrafe Obispos pedófilos, se ve a un Obispo asustado que cree que la Policía le detendrá, se arrodilla en el confesionario ante el Papa Benedicto XVI, y éste le tranquiliza diciendo: “Tranquilo, dedíquese al cine, como Polanski”.

Incluso alguien más moderado como François Hollande tiene su sátira sin concesiones. Cuando se descubrió su lío con Julie Gayet, aparece él en portada, con su expresión cándida de siempre, y se escucha a su miembro viril decir su famosa frase de “Yo, Presidente…”

Pero las que enfurecieron a los islamistas, ya las conocemos: desde aquella que llevaba el epígrafe “Sí, tenemos derecho a caricaturizar a Dios” a la que mostraba a Mahoma lamentándose de qué idiotas eran algunos que le adoraban, pasando por la que homenajeaba a esa extraordinaria película que es Intocable con un judío ortodoxo empujando la silla de ruedas de un parapléjico musulmán radical.

Lo que han conseguido sus asesinos es convertirlos en mártires del humor, que el hashtag #CharlieHebdo sea Trending Topic mundial y que sean desde ahora conocidos por quienes no sabían que existían. Y el lema Je suis Charlie ya está adoptado por el mundo entero. Hasta la derecha les defiende. Ah, y uno de los policías asesinados era musulmán. #Terrorismo #Religión