Las alarmas están saltando por todo el mundo debido a la caída del petróleo. Esto está significando que algunos países emergentes, como es el caso de Brasil, están viendo su crecimiento truncado.

Por supuesto, las bolsas de todo el mundo ya se han puesto manos a la obra haciendo que se desplomen los precios y vendiendo a todo trapo para paliar su debacle económica. Pero también es evidente que no están pensando en nadie más que en ellos, logrando de esta forma que la recesión se convierta en una posible realidad antes incluso de lo que nos pensamos.

Para Europa esta noticia no es del todo negativa. Un continente que ha de importar prácticamente toda la energía que consume tiene que agradecer que el precio sea lo más bajo posible.

Por otro lado, el bolsillo del consumidor ve con agrado y buenos ojos que el depósito del vehículo cueste lo mismo que lo hacía cinco años atrás. Y esto es igualmente positivo para todas aquellas personas que viven del transporte, como camioneros, taxistas, transportistas, conductores, etc.

Pero claro, lo que es bueno para mucha gente, no lo es para otra. Y la parte negativa de esta reflexión es que la bajada de precios del crudo es inconcebible para personas muy poderosas que no se van a parar a pensar en los pequeños y en la clase baja y media. Si ellos ven que su cuenta de resultados baja, hacen lo posible por volver a equilibrarla.

Además, es obvio que no se debe esperar nada de los gobiernos. Si las grandes compañías petrolíferas comienzan a presionar, y ya lo están haciendo, estos actuarán en consecuencia y trabajarán en su favor, pese a que eso perjudique a los ciudadanos que luego les votan en las urnas.

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También queda la reflexión de la limpieza del medio ambiente. Hay energías muy útiles y productivas como el grafeno que merecen el esfuerzo de investigar y explotar. Son más limpias y efectivas. Tal vez sería algo a tener en cuenta en vista de que nuestro planeta cada día sufre más la inconsciencia de sus habitantes.

Esta podría ser una buena oportunidad para cambiar las cosas. Pero, como ya hemos anunciado, no debemos esperar nada de nuestros gobiernos. Los grandes intereses de poderosos y ricos siempre estarán por encima del bien común y de la mayoría. Una realidad triste y pertinaz.