Los periodistas se preguntan y preguntan a tertulianos y políticos qué pasa el día después tras unas Elecciones. Ha sucedido con el caso de Grecia. Muchos comentaristas, a los que no les ha gustado que gane el partido Syriza, se han hartado de señalar que Podemos no es Syriza porque tampoco les gustaría que ganase este nuevo partido político español. Al diario "La Razón" le parecería una desgracia esa posibilidad después de ver el titular de su portada el día siguiente de las elecciones griegas: "Desgrecia", una ocurrencia que a su director Francisco Marhuenda le debió de parecer genial. Puestos a hacer juegos de letras con las palabras, este periodista que está en todas partes podía cambiar su nombre y rebautizarse como Francisco Malahonda y la cabecera de su diario pasar a llamarse "La Irrazón".

Existe un antecedente en otro director de periódico conservador, Luis María Ansón, que eliminó la tilde de su apellido con la excusa de que era de origen inglés y en ese idioma no se ponían tildes. Malas lenguas dijeron que la razón consistía en que así evitaban rimas desagradables.

Después de unas elecciones en las que no sale un partido ganador por mayoría absoluta, los periodistas también hablan de que "toca" negociar. Les encanta utilizar este verbo para todo, no en el sentido de palpar sino en que hay que hacer algo.  De ese modo se evitan pensar en otros verbos más adecuados, lo que refleja una pobreza verbal incompatible con una profesión que necesita el lenguaje para desarrollarse.

Este año nos vamos a hartar en España de "toca votar" y de "días después", ya que tenemos elecciones andaluzas, catalanas, municipales, autonómicas y generales, como si fuese gratuito organizarlas.

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No creo que un año de elecciones sea un año de bienes, lo mismo que se dice del año de nieves.

Las elecciones, sobre todo si son adelantadas, interesan más a los políticos que figuran en las listas electorales que a los ciudadanos, que se pueden cansar de tanta cita electoral a pesar de la aparición de nuevos partidos políticos.

En las elecciones generales del año 2011 se gastaron 124 millones de euros y el Estado subvencionó a los partidos con 28.613.014 euros. No hay dinero para sanidad, para educación ni para ayudas sociales, pero cuando se convocan elecciones aparece por arte de magia.