Lo primero que uno, en teoría, se pregunta cuando oye del nazismo y sus consecuencias, es: ¿Cómo pudo pasar? ¿Cómo una organización criminal engañó a una nación entera? ¿Cómo un loco sin talento se hace democráticamente con el poder, habiendo recibido apenas un 2% de los votos, y se lleva por delante las vidas de cuarenta millones de personas?

Hay muchas respuestas a esas preguntas y casi todas señalan el marco sociopolítico. No son un misterio. Están en todos los libros de historia y la forma en la que Europa miró hacia otro lado mientras Hitler gestaba su guerra relámpago se menciona a discreción. Nadie es ajeno a esto.

O eso creíamos. Porque parece que cuando se cumplen setenta años de aquello que nunca debió ocurrir, de aquel horror del que dificilmente se puede seguir vertiendo tinta, el viejo continente suspende la asignatura. Historia. Nada menos.

Es lógico pensar que "a toro pasado" es muy fácil recitar las causas de un conflicto bélico y que en ocasiones no somos justos al preguntarnos cómo no lo vieron venir. Pero este tipo de ceguera es tan cíclico que lo dificil es no toparse con las señales por más que uno insista en ignorarlas.

Que el partido nazi Amanecer Dorado tenga más del doble de porcentaje de apoyo electoral que Hitler significa algo. Significa que Europa sigue sin ver ni lo que tiene delante, ni lo que arrastra detrás. Significa  que  estamos condenados a repetir una letra que no entra ni con toda la sangre del mundo: "Cuando se humilla y se exprime a un pueblo, éste se radicaliza y todo el mundo pierde".

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Dicho pueblo empieza a tomar decisiones inesperadas, aprende de la violencia recibida y la aplica inexorablemente, sin atender a razones y sin pensar en las consecuencias. Es un río desbordado. ¿Los responsables? ¿Las causas? ¿El marco? Muchos y muy variados. Pero hay un denominador común: gente muy cabreada y el pasotismo de los que pudieron hacer algo.

Sin duda al lector le vienen numerosos ejemplos de pueblos oprimidos que estallan arrasándolo todo, incluyendo el de los judíos mismos. Le invito a jugar a mirar atrás y buscar a los despistados indirectamente responsables. No puedo prometerle que sea divertido. Porque lo sería, de no ser porque lo más probable es que vuelva a pasar.