Estos días, en conmemoración del día de la Constitución, se celebran dos jornadas de puertas abiertas para el acceso y visita del Parlamento, supuesta casa de todos los ciudadanos del Estado.

Debido a ello les cuento mi experiencia, ya que por segunda vez en mi vida me animé a acudir a la visita, ya que la primera vez sucumbí. Y de nuevo, fallé en mi objetivo de visitar dicha Cámara de representación. ¿Las razones? Una mezcla de cansancio, indignación y enfado, mucho enfado. Después de soportar dos horas y media de cola, me fui. Sucumbí de nuevo por múltiples razones. Eso sí, debo reconocer el servicio y disponibilidad de los policías y trabajadores que estaban allí organizando la visita.

Primero, la odiosa comparación. En Alemania la entrada al Bundestag es diaria, siempre que no haya sesiones plenarias. En Estados Unidos, siempre con reserva, se puede visitar la Casa Blanca.

Segundo, una sensación de inferioridad. Ver a los parlamentarios en televisión dando la mano a cada ciudadano dentro del hemiciclo me hizo recordar las imágenes de los Reyes en sus audiencias. No se pide una atención personalizada, pero ni uno de los trescientos y pico diputados salió un solo segundo a la cola de miles de ciudadanos que aguardábamos la entrada, se está muy cómodo al calor del edificio.

Tercero, las palabras sobre transparencia, regeneración democrática, acercamiento al ciudadano. Se siguen ninguneando las iniciativas sobre ILP, listas abiertas, referendums participativos. La única actividad anual de contacto con tus representantes son dos días al año. Ahora bien, cabe decir que una vez pasada la indignación escribí un tuit criticando dicha situación de visita, inmediatamente respondieron del Congreso afirmando que se puede visitar el Parlamento todos los sábados, por lo que solo me quedó responder con una disculpa por mis críticas.

No se pide demasiado, únicamente que tengan cierto decoro hacia sus representados, hacia quienes van dirigidas sus políticas, quienes solo tiene potestad para votar cada cuatro años, que observen las acciones de sus colegas de profesión europeos. Si tan preocupados están por el distanciamiento entre ciudadanía y política lo único que hacen con estas acciones es indignar aún más al pueblo llano. Esperemos un cambio en su actitud y en sus acciones, sino las encuestas del CIS cada vez reflejarán más estas opiniones totalmente justificadas.