Me encanta Internet. Es uno de los mejores inventos del siglo XX, equiparable a la rueda, la imprenta o la máquina de vapor. Ahora estamos en los inicios de un una nueva cultura, que comienza a fraguarse sobre las cenizas de la vieja. Esto supone un nuevo sistema de relaciones sociales y de poder, la caída de un orden viejo y el nacimiento de un nuevo orden. Nosotros, que vivimos inmersos en estas circunstancias, tenemos que abstraernos mucho para percatarnos de que estamos en una época de cambios profundos. Y en el futuro se dirá de la gente de finales del siglo XX y principios del XXI, de nosotros, que vivía "a caballo entre dos periodos históricos".

Pero como ocurre en no pocas ocasiones, cuando en la historia de la humanidad un orden antiguo empieza a caducar, las personas que en ese viejo mundo disfrutaban de poder y privilegios, se resisten y se oponen a los cambios. No quieren que cambie el status quo, porque lo de siempre les favorece. Esto es lo que estamos viendo en la actualidad. El poder político y el poder de los medios de comunicación temen a Internet.

Y así ha expresado este miedo hoy Susana Díaz, la presidenta de la Junta de Andalucía, en la entrega de los XXIX Premios Andalucía de Periodismo: "Internet permite una comunicación masiva entre millones de personas pero eso no es periodismo; el periodismo exige análisis y para eso necesitamos a los periodistas".

Y a lo anterior añade: "necesitamos a los periodistas conscientes de su responsabilidad social porque están construyendo el conocimiento y la opinión pública".

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Bueno, no sé si necesitamos a los periodistas o no, pero desde luego está manifestando una contraposición, una confrontación, entre el periodismo e Internet. De hecho, lo que dice sugiere que, como medio de obtener información fiable y conocimiento, el periodismo (tradicional, se entiende) es la vía y no Internet, cuyas oportunidades "se pueden convertir en amenazas".

Los medios tradicionales de comunicación, en los que antes trabajaban los periodistas, están en crisis: cada vez menos gente escucha la radio, menos gente ve la televisión y menos son también los que leen la prensa impresa. Las empresas dueñas de estos medios de comunicación pierden, entonces, dos cosas: por un lado, capacidad para configurar la opinión pública, actividad en la que tradicionalmente han contado con un oligopolio y en virtud de la cual nos referimos a ellos como "el cuarto poder".

Pero, además, pierden beneficios, en la medida en que su medio de obtener ingresos es la publicidad y, hoy en día, la tendencia es que los anunciantes están trasladando cada vez más cantidad de sus presupuestos para campañas de marketing en publicidad en Internet. Esto es, hay un trasbordo del gasto en publicidad tradicional al gasto en publicidad en Internet.