Hace bastantes años que colaboro con lo poquito que puedocon distintas asociaciones de mi ciudad, especialmente durante la épocanavideña, para que nadie se quede sin disfrutar esos días.

Durante muchos años, al acercarse esta época empezaba larecogida de alimentos para la operación kilo, y generalmente, desde lasasociaciones, sugerían que los productos entregados fueses navideños, para quetodo el mundo tuviese una Navidad mínimamente decente.

Es triste pensar que algunas personas no puedan celebrar unaNavidad blanca y feliz, pero es algo que todos teníamos asumido y se trataba desolucionar entregando a las familias turrón mazapanes o alguna botellita de cava.

Al menos sabíamos que lo que necesitaban estas cosas no estaban en unasituación extrema, al fin y al cabo, esos productos eran un extra, los alimentosmínimos los tenían cubiertos y aunque siempre que hay alguien en malasituación, al fin yal cabo no eran cientos, eran sóloalgunas personas a las que podíamos ayudar.

La semana pasada me acerqué a un punto de recogida solidariapara informarme de los productos más necesarios para esta campaña y se me cayóel alma a los pies. En España, en pleno siglo XXI, para la recogida del bancode alimentos ya no recomiendan entregar turrón, prefieren leche, legumbres,cereales de bebé o potitos.

¿Cómo es posible que ocurra esto?

¡Hay bebés que no tienen la alimentación indispensable parasobrevivir!

Ni en los peores tiempos de nuestra historia reciente seencontraban tantas familias en situaciones tan precarias. Y no solo es eso, esque además de la crisis que por mucho que nos digan no mejora, además de lacantidad de negocios que diariamente cierran y que hacen que sus negocios vecinosvean próximo su fin demasiado cerca, además de todo eso, en mi región cada pocotiempo van cerrando fábricas y centros de producción, dejando en la másabsoluta ruina a familias con hijos.

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Historias

Desde aquí pido a todo el mundo que colabore en la medida desus posibilidades con los bancos de alimentos y con las organizaciones queayudan para que ningún niño se quede sin Reyes Magos, pero eso solo es unparche, es un remiendo que tranquiliza las conciencias en los días más mágicosdel año.

Es triste y lamentable pensar en todas las familias sin ilusión, en niños que no quieren escribir sus cartas a los Reyes porque tal vez no puedan traerles nada, duele pensar en las madres que pasarán ante los escaparates y no podrán comprar nada para los suyos porque ya es un milagro comprar leche o pan.

Aunque ayudemos condonaciones, y repito que por favor lo hagamos, el problema sigue ahí y tenemosque hacer algo, es nuestro deber pensar en alguna solución. Tiene que haber unamanera, porque yo, al menos, no puedo dormir tranquila pensando que tal vez en mi mismacalle algunos niños no puedan cenar caliente o no tomen la ración de leche quenecesitan. Y menos en pleno siglo XXI, cuando hemos viajado al espacio,aterrizado en un cometa y descubierto curas contra grandes enfermedades. Nopuedo aceptar que esto sea así.

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