Si tienes en tu casa aparatos electrónicos con más de 15 años estás de suerte. Aún no has sido víctima de la obsolescencia programada. Ruega para que sigan funcionando, porque los próximos que te compres, tal vez no vivan más de 2 años. Otra sugerencia, aunque no te guste el color de tu frigorífico, porque no hace juego con los paños de cocina, déjalo estar, el que tanto te gusta, ese de color verde fosforito, moriría entre tus brazos en breve. Yo, he forrado mi anciano frigorífico con un adhesivo maravilloso que le ha cambiado de aspecto y ha tapado unos cuantos desconchones. Pero funciona a las mil maravillas.

Esta estrategia que, ya se barajaba a principios del siglo XX, nos obliga a consumir más cada día, resultan otro golpe más en los, ya de por sí, castigados hogares españoles y del mundo.

Se entiende, si somos conscientes del sistema capitalista que, cada vez, aprieta más nuestras gargantas.

Cuando un nuevo aparato sale de fábrica, ya tiene los días contados porque el fabricante así lo ha decidido. La Ordenanza Europea exige un mínimo de funcionamiento de dos años, período en que la garantía, suele estar vigente. A partir de ahí te va a costar más arreglar el aparato que comprar uno nuevo. De eso es de lo que se trata. Consumo y consumo, como si no hubiera un mañana, y las industrias forrándose.

Vivimos la traición de los fabricantes que ya se ocupan de invertir un capital para que, la duración y la calidad del producto sean muy limitados. Esta estrategia, que aporta grandes beneficios, ni empatiza contigo, ni conmigo y, mucho menos, con el medio ambiente. El calentamiento global, otra espada de Damocles.

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El aumento de población es un no parar. Somos en el mundo más de 7 millones de habitantes al alza (210 mil seres más por día). Cada uno de nosotros, generamos diariamente un kilo de basura. Calculad pues. La mayoría de estos desechos no se descomponen por un medio natural, sino que persisten durante años. Sobre todo, los componentes derivados de aparatos electrónicos que, contaminan sin piedad, tanto a personas (en su mayoría niños), encargadas de su eliminación, como al planeta.

La verdad es que no sé por qué me sigo escandalizando ante las constantes conspiraciones hacia los que, por derecho, hemos de vivir dignamente. Duele ver cómo nos enferman y cómo manipulan nuestra sanación; cómo los gobiernos en la sombra mueven los hilos a su antojo, en todas sus vertientes posibles. Pero, insisto, lo importante es estar despiertos. Detrás de lo que vemos hay mucho más. #Calentamiento global