Como si de una pareja de amantes se tratase, Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre llevan ya varios años llenando líneas de periódicos, horas de emisión en televisión y radio y ofreciendo titulares gracias a su relación tortuosa que ha pasado por infinidad de altibajos en los últimos tiempos.

Que Esperanza Aguirre no se retiraba en realidad de la política y la vida pública era una verdad a gritos. Esta señora es incapaz. Es como ese torero que necesita la adrenalina de jugarse la vida ante el astado y no se puede jubilar. Una “espantada” temporal para curarse de su enfermedad y vuelta a los ruedos.

¿Necesita España una política como Esperanza Aguirre? Bajo mi punto de vista, rotundamente no.

Y no digo esto porque no comulgue con su ideología, sino por su estrechez de miras e incapacidad de ver lo que pasa a su alrededor. Es decir, ¿qué se puede esperar de una señora que durante años de presidenta no ha sido capaz de ver la “trama Gürtel” en sus propias narices o el enriquecimiento de su número dos, Francisco Granados, que daba lecciones de moralidad televisiva mientras supuestamente se lucraba de su puesto de poder? Así pues, si esta mujer no ve esas cosas a su alrededor o no las quiere ver, mejor que esté bien lejos de la vida pública y de cualquier cargo de responsabilidad.

Ahora bien, ¿será Mariano Rajoy capaz de apartarla de los cargos públicos? Imposible. Por más que desde el PP le digan a Doña Esperanza que su presidente no se deja achantar por nadie, seguro que este señor acabará cediendo a las presiones y la pondrá como cabeza de cartel en el complejo feudo madrileño.

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Al menos, así lo ha demostrado Rajoy en todas las decisiones complejas y delicadas. Ha mostrado temor y ha preferido resguardarse en casa hasta que la tormenta amainase para salir culpando a todos los demás de lo negativo del país, pese a que la máxima responsabilidad es suya.

¿Qué podemos esperar en este penúltimo capítulo de la historia de pasión y amor entre Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre? Desde luego, nada bueno. Los sectores más conservadores del PP la quieren a toda costa. Es decir, esta mujer volverá a la vida pública para seguir “obsequiándonos” con su falta de agudeza visual para ver todo cuanto acontece en su entorno más cercano. Y Rajoy seguirá en su línea conservadora de permitir que los mercados se regulen solos y de forma natural mientras él echa balones fuera. No tiene buena pinta.