Hace un par de días se disputó el tradicional encuentro navideño entre las selecciones de Cataluña y el País Vasco, que, al no poder competir a nivel internacional, utilizan estos partidos para reivindicar también la independencia de España. Después de estos partidos es habitual encontrar gente que argumenta que deporte y política son dos polos opuestos y que tratar de unirlos es un craso error, pero es necesario entender que estos dos elementos llevan estando de la mano desde que el mundo es mundo. Tratarlos como elementos independientes es desconocer una parte importantísima de la historia del deporte.

A las pruebas me remito. Empezaré con un ejemplo reciente: las candidaturas de Madrid a los Juegos Olímpicos para los años 2012, 2016 y 2020. Si se va a la hemeroteca y se analiza quién acompañaba a la delegación de políticos de España, veremos a grandes figuras del deporte español (Rafa Nadal, Fernando Alonso, Pau Gasol, Iniesta, Casillas, etc) intentando convencer hasta el último momento a los miembros del Comité Olímpico Internacional. Seguramente estos representantes fueron bastante más útiles que Ana Botella y su célebre "relaxing cup of café con leche", pero esto ya es una opinión personal. 

Como vemos, es normal que España haga gala de grandes deportistas en citas importantes, pero este no es el único ejemplo que nos sirve para unir política y deporte. Basta con asistir a un encuentro entre dos selecciones para ver como la megafonía emite los himnos de ambos conjuntos (¿acaso hay algo más político que el himno nacional de un país?). Y este caso existe en prácticamente todos los deportes de equipo, que al fin y al cabo no son otra cosa que los representantes de un país disputando un partido a nivel internacional. O lo que es lo mismo, política en estado puro.

Política también es que la UEFA haga los sorteos clasificatorios para la Eurocopa de tal manera que España y Gibraltar no puedan coincidir. Política también es que Sudáfrica organice un Mundial de fútbol como el de 2010 para demostrar al mundo que África puede llevar a cabo este tipo de eventos. Política también es que Qatar sea quién organice el Mundial de 2022 para así poder legitimar un régimen que no garantiza algunas de las libertades más básicas.

Me atrevería a asegurar que el deporte (sobre todo el fútbol) es la mejor manera de proyectar la imagen de un país en el exterior. La televisión ha contribuido enormemente a este hecho, facilitando por ejemplo que millones de personas en todo el mundo pudieran tener constancia de las gestas de Costa Rica en el último Mundial de fútbol cuando se trata de un país con sólo 5 millones de habitantes que apenas aparece en los medios.

Lamentablemente, también es cierto que algunos de los más terribles dictadores han aprovechado el gran impacto del deporte para, a nivel nacional, vender una imagen de superioridad y también, a nivel personal, para aumentar su ego y saciar su megalomanía. Existen pruebas que evidencian que el Mundial de fútbol de 1934 fue adulterado por el régimen de Mussolini para que Italia se hiciese con el título. Dos años después, en 1936, Adolf Hitler organizó unos Juegos Olímpicos con la idea de demostrar al mundo la supuesta superioridad de la raza aria, una superioridad que Jesse Owens dejó en evidencia con cuatro medallas de oro.

Al igual que Owens, existen otros deportistas que han pasado a ser símbolos de una era o de unas ideas. Como Matthias Sindelar, futbolista austriaco que se negó a participar en la farsa nazi y humilló a la selección germana en un encuentro programado por Hitler para celebrar la anexión con Austria. O como Mohamed Ali, que simbolizó la oposición a la guerra del Vietnam, siendo sancionado sancionado cuatro años. O como Maradona, que con la 'Mano de Dios' contra Inglaterra se "vengó" (según los medios argentinos) por el conflicto de las Malvinas. O como, en una de las estampas más preciosas de la historia del deporte y que ilustra este artículo, los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos se subieron al podio de México 68 y, alzando los brazos con un guante negro, gritaron "basta" a la discriminación racial.