Los políticos son una fuente de sorpresas inagotables, cada político es un mundo relacionado con otro mundo lleno de sueños y promesas que, en un mundo realista, no tiene relación con la realidad. Hay un dicho que generaliza a los políticos, “todos son iguales”, no es cierto, no todos los políticos son iguales, algunos tienen diferentes nacionalidades, pero todos tienen un único fin, el poder gobernar.

Los políticos no están preparados para ser políticos, tampoco están preparados para gobernar, cegados por su ambición, creen tener la clave para sanar la economía y el país. España es un país de promesas rotas, promesas hechas por los partidos políticos y que, viendo la situación actual de políticas de reacción frente a la crisis, claramente, no se han cumplido.

La preparación, la educación y la información constantemente actualizable deben ser parte de la vida de los políticos, ver y velar por los intereses del pueblo, como si se tratase de los intereses de cada persona que haya dado su voto y su consentimiento para poner su propio futuro en manos ajenas.

La economía es un bien medible pero no controlable, sin tener en cuenta la economía sumergida, haciendo futuros pronósticos sobre los factores conocidos que influyen en la economía, se puede ir mejorando, poco a poco y en todo lo posible la economía del país.

En cambio, si se hacen cambios bruscos en las políticas económicas, en las recaudaciones de los impuestos y en el mercado laboral, todo acaba reaccionando de una manera ineficiente e ineficaz, convirtiéndolo en un terreno de arenas movedizas. Los cambios bruscos no son bienvenidos y pueden convertir los modelos en inestables, a pesar de que la mayor parte de la población se adapta, obligatoriamente, a los cambios, puede llegar un momento de insatisfacción y de infelicidad que conlleve como resultado a conflictos político-económicos,

Los partidos políticos actuales hacen promesas para conseguir votos y para llegar al poder, hay que saber diferenciar entre una promesa infundada y un objetivo realista. Deberían estar bajo una continua aprobación del pueblo y revisión de las promesas de los partidos electorales españoles.