Resulta gratificante escuchar noticias como esta. La Infanta Cristina sí será finalmente imputada en el Caso #Urdangarín. No debería ser así, ya que un miembro de la Familia Real, que tan buen sueldo recibe de las arcas del Estado y que se presupone un ejemplo para toda la ciudadanía por su condición de representante público, tendría que estar excluido de toda duda de #Corrupción y ser capaz de mantener un expediente limpio y cristalino. Por desgracia, en este país no ocurre así. De hecho, encontrar un gobernante o personaje público libre de duda comienza a ser un trabajo complicado y de riesgo.

Otro aspecto peculiar de esta noticia es la alegría que debemos sentir los españoles al saber que el hecho de ser de "sangre azul" no te permite estar libre de poder ser imputado si no estás libre de sospecha.

Si tal como nos enseñan, todos somos iguales ante la ley, es normal que seas juzgado si un juez o fiscal tienen pruebas de que has delinquido.

En este caso, esto ha sido harto complicado dado que el fiscal acabó tomando una postura complaciente libre de berenjenales para evitarse problemas y complicaciones. Ahora, el Juez Castro, encargado de decretar la apertura del juicio, tendrá una misión difícil. ¿Hasta dónde podrá llegar? ¿Tendrá la posibilidad de hacer su trabajo con autonomía y sin presiones? ¿Acabará como el Juez Ruz, apartado de su puesto por tocar temas "sensibles" para gente con demasiado poder para el que se merecen? El primer paso lo ha dado, y eso demuestra independencia y valor.

Nadie sabe cómo puede acabar esto. Ahora hay un largo camino por recorrer. Otros con poder como Carlos Fabra han tardado más de diez años en pisar una cárcel desde que comenzaron a juzgarle.

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Muchas personas tuvieron que pasar por los tribunales castellonenses hasta que se logró el merecido encarcelamiento.

En este caso, es una Infanta de España y el propio prestigio de la #Casa Real lo que está en juego. Aunque es cierto que a estas alturas, con los rumores de separación de Juan Carlos y Sofía y Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín sentados en un banquillo, poco lustre le queda a una institución que antaño fue muy bien valorada por los españoles.

Es una realidad triste y tenaz la española. Parece que nada se escapa de la alargada mano de la corrupción en nuestro país. El dinero público se ha convertido en presa fácil para desaprensivos que mueven Roma con Santiago para llegar al poder. No tienen otro talento más que la ambición desmedida. No son aptos para gobernar, pero sí tienen la suficiente "inteligencia" y capacidad para llegar a manejar las arcas que todos deberíamos respetar. Más pena da cuando es gente que siempre lo ha tenido todo, como el caso de Cristina de Borbón.

Tal vez con una educación en valores, que potencie al ser humano y el respeto en lugar de la ambición desmedida y la competitividad exacerbada, podríamos quitarnos de encima este "San Benito" de tanto tienes, tanto vales. Así podríamos dejar de alegrarnos de noticias como estas.