De qué modo suena y resuena, en estos últimos tiempos, la palabra "conspiración". ¿Por qué será? No hace mucho que a los más espabilados les tachaban poco menos que de locos. Ahora, ya somos cada vez más los espabilados, aunque pretenden que nuestros hijos no lo sean tanto. Y sí, parece demasiado evidente que, para conseguirlo, las élites empiezan ya, desde la infancia, a tarar a nuestros pequeños. El objetivo: conseguir esclavos que obedezcan y vivan con el temor del hambre.

Partiendo del aprendizaje básico, accesible y asimilable para la mayoría de los Niños, hay otros conocimientos más complejos que requieren una mayor capacidad, por parte del alumnado y más dedicación por parte de los maestros.

Hablamos de las estigmatizadas matemáticas. En cualquier libro de texto de educación primaria de 1900 se puede comprobar cómo aquellos alumnos de entonces superaban con creces, en esta y otras materias, a los estudiantes de hoy.

Digamos que no es el alumno el que se adapta a las enseñanzas que va a recibir sino, muy por el contrario, el plan de estudios se acopla a la capacidad del conjunto de alumnos de una misma clase. Es decir, que lo que no pueda aprender una mayoría se descarta.

Hace unos meses, una amiga dedicada a la enseñanza, me prestó un libro más que interesante. Se trata de, The Leipzig Connection, de Paolo Lioni, donde se habla, claramente, de lo que se está maquinando en el nuevo sistema educativo. Psicólogos, expertos en conducta, con un impecable disfraz de maestros, se infiltran ya en las escuelas, en un certero intento de castrar la individualidad.

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Este libro explica claramente que los informes respecto a niños en educación primaria, en realidad resultan ser un verdadero estudio psicológico del alumnado. Eso sí, perfectamente disimulado.

Charlotte Iserbyt, exasesora de políticas educativas de la Oficina de Investigación Educativa y Mejoramiento de la Educación de Estados Unidos, refuerza lo dicho por Paolo Lioni, cuando afirma que el fin del sistema educativo actual es crear un conocimiento básico muy limitado y, por supuesto, enfocado a la clase proletaria. No interesa crear individuos desenvueltos y conscientes. Para que no quede lugar a dudas, Iserbyt puntualiza: "Te están viendo como un diente en la rueda, en la máquina. Estás siendo entrenado, no educado". Todo esto se lo debemos a "generosos filántropos" como, la Rockefeller y la Carnegie, que ya se aprestaron a la labor, en los albores del pasado siglo. Ahí es nada, Dios nos libre.