Hay personas que en estas fechas necesitan distancia, precisan silencio, sosiego pero sobre todo necesitan rendir tributo a esas personas que ya no están, es como si todo ese ruido de alrededor nos empujaran a ser feliz a la fuerza, para expresar esa felicidad hasta de forma artificial pues no es lo que se siente, y a esto le llaman Síndrome de la Silla Vacía, no confundir con otros síndromes que no actúan en ésta época del año, sino que tratan de aislarse de por vida.

De niños, unos más, otros menos, vivimos siempre la #Navidad con muchísima ilusión y alegría, en la juventud lo llevamos de otra forma, y ya en la edad adulta se empieza a tener ausencias o a tener “distancia” con ciertas personas y no siempre estamos dispuestos a ceder a toda esta industria que hay alrededor de una fiesta navideña.

Las personas que sufren de “Nido Vacío” o Síndrome de la Silla Vacía, tienden a celebrar o a reunirse con su familia mucho antes de que empiecen las fiestas, cuando todavía no hay ruido, no hay luces, cuando todavía no hay una inercia y casi una obligación a tener que pasarlo bien por imposición. Luego que empieza todo éste ambiente navideño estas personas se distancian y se intentan aislar. Hay muchísimas personas que piensan que la Navidad es un período triste porque aquellas personas con quienes fueron felices, ya no están. Es un caso típico entre quienes han perdido un familiar, entre quienes han perdido un trabajo, entre quienes han perdido algo que les funcionó por mucho tiempo y que ahora ya no está. La primera Navidad es donde se acentúa más ésta ausencia. También ocurre en familias que tiene un hijo fuera del país, o lejos de la ciudad y que no puede celebrar con ellos.

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Hay personas que necesitan rendir un homenaje, un tributo a la persona que no está, sin embargo a veces la obligan a tener que participar, acentuando el sentimiento de rareza, de culpabilidad, porque siente que debería estar alegre pero por dentro está muy triste, siente como que hay algo que no es congruente, siente un compromiso con los demás, pero se siente obligado y por lo tanto el esfuerzo es mayor.

La sugerencia es que la Navidad no necesita ser un parque de atracciones, ni una explosión de fuegos artificiales cuando la psicología, las emociones no van en esa dirección, hay que ayudar a la persona para que se recoja y rinda homenaje a aquel que falta, esa silla vacía, si es que necesita hacerlo pero no más de un año, a partir de ese periodo es importante de que si se tiene una familia, ésta saque a la persona de ese lugar. Muchas veces cambiar el escenario, ayuda mucho, si siempre se celebró la Navidad en un lugar, pues ir a otro.

Así se va entrando en una nueva dinámica de celebración, aceptando que ya no está la persona que se fue, pero en otro sitio, otro ambiente.

Hay que tratar de estar junto a otras personas, el estar compartiendo con otros es extraordinariamente importante. Acompañarse por personas que produzcan placer, serenidad, alegría, y otro consejo, acompañarse también de buena música, ella nos proporciona, paz, felicidad, recuerdos, pero sobre todo es la mejor compañera para todas las ocasiones.