La discriminación se vence con la discriminación. O eso deben pensar los autores de la mayoría las campañas contra violencia de género de este país. Desde el lema de este año, "Si eres hombre da la cara" hasta el "Cuando maltratas a una mujer dejas de ser un hombre". La absoluta falta de lógica de estos argumentos me parece tan visceral que el simple hecho de ver un cartel de tal índole en la calle me revuelve las tripas. Así no, señores y señoras. Así las cosas no van a cambiar jamás. ¿Qué significa ser más hombre? ¿Tienes genitales masculinos? Entonces eres un hombre. El problema viene cuando fomentamos que el concepto hombre vaya unido a una serie de cosas, como cortar leña en manga corta en las estepas de Siberia en Diciembre sin pestañear y luego entrar a casa a tomar un vaso entero de whiskey a las 12 de la mañana de un solo trago y arrancarle la ropa a tu esposa para hacer el amor encima de la mesa de la cocina que tú construiste con tus manos tras asfixiar al oso que trató de robarte la madera.

Así no, señores y señoras.

Las feministas por ejemplo no creen que su lucha las haga más mujeres. Porque sería un pensamiento estúpido. ¿No se supone que en la sociedad de hoy estamos cambiando lo que veníamos pensando desde siempre eliminando una serie de prejuicios e ideas equivocadas sobre nuestra propia existencia? Eliminando, no cambiándolas por otras menos malas. ¿Qué significa ser hombre y qué significa ser mujer? Que alguien me lo explique porque yo nací en 1991 y ni me huelo por asomo los tiempos en los que esa distinción tenía asociada que la gente con lo que me cuelga a mí entre las ingles salíamos a cazar y la gente a la que lo que le colgaba eran las mamas se quedaban criando. Para mí ser hombre es ser macho, pero en el sentido primitivo de la palabra: Macho de tener genitales masculinos, punto. Y ni eso, pues puede haber quien haya nacido con el cromosoma incorrecto, aunque ese, es otro tema. 


Y escribo esto como hombre que reclama su derecho a sentirse libre de estas cadenas y disfraces tan anticuados. Escribo esto como hombre que nunca supo jugar al fútbol, ni hacía muchas flexiones, ni le gustaba saltar por los tejados. Escribo esto como hombre que no sabe arreglar el coche si se queda tirado en la autovía y sobre todo lo escribo como pareja que a veces le pasa el bote de pepinillos a su compañera para que se lo abra. Porque a mí personalmente siempre me la han traído un poco floja las cosas que deberían ser o deberían dejar de ser tal forma, sólo escribo este artículo como alguien que piensa que si dejas de insultar a los que se sientan detrás de ti en el autobús no vas a ser ni más blanco, ni más español ni nada. Si insultas a una pareja gay que se bese en tu portal no vas a ser más hetero. Porque si no dices todas esas cosas lo único que estás siendo es un poquito menos gilipollas. Aunque sólo sea de puertas para fuera.