El partido que lidera Pablo Iglesias ha conseguido en menos de un año revolucionar el panorama político español. Como ellos mismos dicen, son el fruto de una sociedad desencantada y han sabido aprovecharlo. Las elecciones al Parlamento Europeo supusieron su entrada por todo lo alto en la esfera política española. De pronto, millones de españoles que, como mucho, habían visto a Pablo Iglesias de contertulio en televisión de pasada, veían como de la nada un partido conseguía más de un millón de votos.

La gira televisiva de Pablo Iglesias, Monedero y Errejón ha sido continua durante estos últimos meses, hasta que luego, viendo como las televisiones empezaban a buscarles las cosquillas, han reducido su presencia en los medios.

Ya consiguieron lo que querían, aprovecharse de los medios de comunicación, conseguir audiencia y calar en un público desencantado.

Ahora las cadenas televisivas, en algunos casos (como Telecinco), argumentan que se han sentido utilizadas, ¿pero no son ellas las que utilizaban a Pablo Iglesias para conseguir audiencia también? Esto es un juego de estrategia, lo juegan los medios de comunicación, que en el fondo a ninguno de sus directivos les conviene que gane un partido con una ideología como la que tiene el partido morado y también lo juega Podemos, que está intentando jugar sus bazas lo mejor que puede.

Desde el partido son sabedores que cada mes que pasa es una pequeña victoria de cara al verdadero objetivo, que es ganar las elecciones o como mal menor tener una representación que les permita aparecer en los medios y en las corrientes de opinión, sino estar también en el "meollo", donde se decide de verdad la marcha del país.

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A poder ser, quieren incluso tener poder para decidir quién puede gobernar si no lo consiguen ellos mismos.

Su discurso se ha ido suavizando estos meses, sabedores de que hay promesas que son de difícil cumplimiento y estando en una línea más moderada creen que no van a perder demasiados electores e incluso pueden ganar algunos desencantados de un PSOE que está en plena reconstrucción. IU puede ser la que más acuse el golpe de una formación que ha venido para quedarse, aunque a muchos les de miedo.