En España, todos sabemos que no hay Navidad hasta no haber escuchado el discurso del Rey. A través de los años, en diferentes circunstancias sociales y políticas, el discurso navideño del Rey Don Juan Carlos, anterior monarca español, siempre ha funcionado como un componente fundamental de los días festivos y navideños.

En estas fechas, muchos cambios han sucedido en la España de hoy y, sobre todo, en la mismísima Casa Real. Por si fueran pocas las novedades, se trata del primer discurso del Rey Felipe al frente de la institución monárquica, precisamente en tiempos muy difíciles para la familia real. Hoy, cuando llegue la hora del discurso real, todos estaremos pendientes de las palabras del #Rey Felipe, de lo que dirá y también de lo que no dirá, sobre todo con la mala noticia de la infanta, hermana del monarca, nuevamente imputada por la justicia en el caso Noss.

Ni hablar de Iñaki Urdangarín, cuñado del Rey Felipe, a punto de ingresar en prisión.

Por si todo esto fuera poco, con una economía todavía en pie de guerra - por más que Mariano Rajoy haya decretado unilateralmente el fin de la crisis -, muchas familias españolas todavía están en una situación muy precaria, incluso en riesgo de exclusión social, como para levantar con optimismo y entusiasmo las copas y brindar en Nochebuena. Todavía hay mucho que resolver y acomodar por parte del Gobierno y de los partidos políticos para que en España se pueda decir "Feliz Navidad", pero también hay que decir que la esperanza nunca debe perderse, y que pese a todo no nos queda más remedio que "apechugar", ser optimistas y tirar para adelante. Sobre todo con la verdad y la claridad, por esto creo que el discurso del rey Felipe es, a pesar de todas las dificultades antes mencionadas, una oportunidad histórica precisamente para hablar con sinceridad y acercar, aún más que su padre, a la institución monárquica con la gente común y corriente, en lo que sería todo un cambio, una verdadera renovación acorde a los tiempos que corren, en pleno siglo XXI.

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Seguramente que el Rey Felipe no mencionará a la infanta, ni a Urdangarín, y evitará toda cercanía parental, cuando se refiera - por obligación, más que por decisión propia -, a los graves problemas de corrupción que hoy padece la clase política española. Nadie puede pedirle que lo haga, él sabrá de qué manera abordar semejante desafío, y en todo caso se trata de un monarca joven y altamente preparado para enfrentarse a los difíciles retos que le esperan por delante. Con todo, todo esto no son más que especulaciones, el discurso del Rey Felipe seguramente dará "mucha tela pa cortar" y mañana mismo los periodistas tendremos muchas cosas para analizar. ¡Feliz Navidad!