Hemos visto últimamente como se han incrementado los conflictos en la ciudadanía en general y como el único refuerzo que se realiza es aumentar los cuerpos de antidisturbios en las ciudades. A raíz de los conflictos generados en la manifestación del 22M, donde decenas de policías resultaron heridos debido a un grupo de decenas de manifestantes que rompieron la marcha pacífica y comenzaron a reventar la manifestación. No es la primera vez que se ve grupos encapuchados por diferentes puntos de Madrid en manifestaciones esperando un momento dado para empezar a reventar la misma.

Pero hay que mencionar que no vivimos en un país de manifestaciones violentas, más bien al contrario.

Contamos con una de las tasas anuales más bajas de toda Europa en cuanto a incidentes y detenidos en manifestaciones a lo largo de los doce meses. Es recurrente por parte de instituciones y algunos medios de comunicación estirar la sensación de miedo (tema que desarrollaré en otra jornada), la sensación de que cualquier manifestación es constitutiva de violencia.

La última manifestación catalana por la independencia, con la cual uno podrá estar o no de acuerdo en sus ideas, o cualquier llamamiento último de Podemos, se torna en manifestación anti sistema, anti democrática, leninista, comunista, y hasta masónica. Se recurren a fuerzas extraordinarias, como el despliegue de 1.400 antidisturbios para una congregación de mil personas.

Por contra, los medios empleados en otros menesteres parece que no tienen la importancia que se les ha de dar, y por supuesto, las críticas o dimisiones correspondientes son meras utopías.

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En cualquier país del mundo, sucesos como el de Madrid Río entre Frente Atlético y Riazor Blues, con apenas 400 efectivos (1400 UIP en la primera ocasión y 400 en esta ocasión) hubiese supuesto un terremoto político. 

Para colmo, algunos funcionarios de la UIP acaban de denunciar la compra por 600.000 euros de un camión de agua para manifestaciones que por su volumen solo podrá ser operativo y eficaz en la Castellana. Seguimos con políticas y dirigentes de países que no se asemejan en nuestro entorno.