Hace muchos años que no tenía sentido el bloqueo a Cuba, que todos coincidimos que es una dictadura, pero el bloqueo no sólo no ha podido derribarla, sino que la ha fortalecido más, ante el doble rasero que la política exterior de EEUU siempre ha tenido.

Pero lo del bloqueo daba muchísimos votos a los políticos americanos que lo apoyaran. No solo por la enorme presencia en Florida, a sólo 100 kms. de Cuba, de exiliados cubanos que durante generaciones influyeron mucho en cómo EEUU trataba a la isla, condenando acciones que fueran lo contrario del bloqueo absoluto, sino por que cualquier desliz en esto hundía carreras políticas.

Eso pasó con Al Gore frente a George W. Bush, que perdió por pocos votos la Presidencia por el caso Elián.

Para quien no lo recuerde, Elián era un niño que huyó de Cuba con sus padres, fue acogido por sus parientes residentes en Florida. Pero la familia cubana del niño lo reclamaba, y Bill Clinton decidió, pese a la frontal oposición del exilio cubano, arrebatárselo a sus familiares, con antidisturbios incluidos, y devolverlo a La Habana. Algunas personas dijeron que aquello no fue político, sino familiar, ya que la familia cubana estaba en su derecho, al ser sus parientes más próximos. El exilio cubano montó manifestaciones furiosas de protesta y votó en masa a George W. Bush en las Presidenciales.

En este medio siglo, hemos visto toda clase de historias, reales o de ficción, referentes al contencioso Cuba-EEUU.

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Historias de huida a EEUU por la zona de los cayos de Florida, los más próximos a Cuba, o escondidos en trenes de aterrizaje de aviones, sufriendo congelación. O como cuando hay gente que huía de los países del Pacto de Varsovia, muchos cubanos aprovechaban cualquier excusa, reunión o lo que fuera para pedir asilo político en EEUU o en otros países.

En los últimos años ha habido una tendencia a suavizar el embargo. Ya no hay aquellas furibundas reacciones por parte de las autoridades americanas que amenazaban con boicot a quienes invirtieran dinero en Cuba, aun siendo empresas privadas no americanas, e incluso contra quienes rodaran películas en el país, aunque no fueran americanos.

Incluso el cine, el mayor portador de propaganda de uno u otro bando, ya no es aquel de las visiones irreconciliables. Las dos interesantes películas de Steven Soderbergh sobre el Che Guevara fueron bien acogidas en EEUU, y vemos películas cubanas recientes donde quien decide irse al país de Obama ya no es visto como un reaccionario.

Las nuevas generaciones exigen un cambio de mentalidad, sólo los fanáticos no cambian.

Referente al Régimen político de la isla, nadie puede negar que es una dictadura pura y dura, aunque comparada con la de Corea del Norte, Cuba es una democracia tan abierta como la de New Jersey. Lo más curioso y lamentable es que cuando se trata de condenar y boicotear una dictadura, con China no se ha sido de verdad implacable.

Cuando la matanza de la Plaza de Tiananmen en 1989, las amenazas de sanciones económicas fueron leves y pronto Occidente olvidó la tragedia. Podría pensarse en que como en China hay mil millones de consumidores, que consumen disciplinadamente, el capitalismo occidental no iba a despreciar este mercado. Los chinos van más unidos a por el último modelo de televisor, vídeo o nevera, mientras que los cubanos van demasiado a su aire, según su manera de ver el mundo. EEUU ha pecado de soberbia y de creerse superiores. Además, apoyó y glorificó a dictadores asesinos como Pinochet.