Es bueno leer o escuchar que el comienzo del deshielo entre ambos países ha comenzado. Algunos hablan de que el bloqueo se ha terminado pero, por desgracia, eso está muy lejos de suceder. No obstante, al menos Obama ha dado el paso y Raúl Castro ha puesto también de su parte.

Pero el fin del bloqueo a la isla está aún lejos de ser una realidad; si bien se suavizan las medidas, el congreso norteamericano no dará su aprobación al mismo.

No obstante, el coraje mostrado por Obama va más allá de un simple gesto político. Es el comienzo del fin de un trato vejatorio, abusivo e inútil en contra de un régimen que ha demostrado, más allá de su controvertida ideología, que es capaz de vivir o sobrevivir los años que hagan falta.

Obama pretende en cierta forma mostrar a su nación y al mundo entero lo estéril del bloqueo. Sumado al resto de las sanciones impuestas a lo largo de 53 años, nada de eso produjo ni remotamente los resultados esperados. Cuba sigue firme a pesar de todo, y en contra de todo pronóstico, llega a dar el ejemplo en salud o educación.

Para muchos el régimen de Castro puede ser controvertido, cuestionado o cuestionable; puede ser tildado de muchas cosas, incluida la dictadura. Pero siendo lo que sea, se ha sabido mantener de tal forma, que el pueblo cubano no llega a estar harto del mismo. De lo contrario, en tantos años habría surgido la chispa provocada por el descontento.

También es bueno reconocer que 53 años abarcan generaciones enteras y aquellos nacidos del año 1961 en adelante, crecieron dentro del régimen y es casi lo único que conocen.

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Al no tener cómo comparar, pues les va bien lo que viven y es a fin de cuentas el único estilo que conocen.

Resulta extraño y causa curiosidad el saber qué pasará de aquí en más y qué repercusiones internas tendrá el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Sería bueno saber qué sueñan los cubanos o esperan luego de esta nueva situación, si bien es un avance claro hacia el desbloqueo y la derogación de las sanciones económicas que pesan sobre la isla.

La esperanza entre la población es alta. El mundo entero espera que caiga el bloqueo totalmente, algo que puede pesar positivamente en el senado americano. Serán a partir de ahora numerosas las voces que pretendan hacerse oír a favor de ese desbloqueo. De hecho, ya son muchos los que opinan que ha sido y será inútil el mantener las sanciones a la isla. Es más; puede que algún encumbrado político piense que lo más inteligente es "permitir" que el régimen de Castro siga vivo, que la mejor estrategia es la que ha empleado Obama, la del diálogo, la de abrirse a Cuba y que el resto del mundo lo imite.

Veremos qué pasa durante lo que queda de mandato en la era Obama. La comunidad internacional aguarda ahora mismo más de este deshielo, aunque me atrevo a vaticinar que ese deshielo será también el causante de cambios en Cuba. Cambios que, en el plazo medio, pueden abrir el camino hacia una costosa pero merecida democracia real.

De momento, el resto del mundo, más que Cuba, espera que finalmente se produzcan cambios en la isla, cambios que lleven a su pueblo a poder, al fin, expresarse libremente.