Pues menos mal que el Vaticano no está en quiebra. Cómo para estarlo. Se trata de George Pell, ministro responsable de Economía del Vaticano, y no de ningún infiltrado, como lo fue Paolo Gabrile, el desleal secretario de Benedicto XVI, el que denuncia el hallazgo de unos cientos de millones de euros, "escondidos", tanto en cuentas del santo lugar, como en su polemizado banco, el Instituto para las Obras de Religión (IOR) y, claro está, que no aparecían en ningún balance. Vamos, que no estaban escondidos, sino algo despistados.

Inexplicable también, la nebulosa que rodea al IOR y 3.000 dudosas cuentas que fueron canceladas por el arzobispo de Sidney, el pasado mes de junio.

Las millonarias cuentas quedaron regularizadas, sin que se tenga conocimiento de cómo los propietarios habían escapado al control del Vaticano, hasta ahora.

Cuenta Pell, al semanario inglés, Catholic Herald, que, en su día, el Papa Francisco, le requirió para realizar una investigación en el IOR, por temor a una bancarrota. Los temores se disolvieron, cuando, no solo se descubrió que no había motivos para temer una ruina, sino que descubrió los cientos de millones mencionados, en cuentas particulares y fuera del propio balance del banco. Resulta, pues, evidente, según Pell, que "la ingenuidad financiera" del Vaticano ha servido para un perfecto blanqueo de dinero, a todas luces, no muy limpio. Está claro que no solo existe el secreto de confesión sino, también, el financiero.

El Borgo Pío, un barrio cercano al Vaticano, fue testigo de las comilonas de los cardenales, hasta que el nuevo Papa estableció un menú del día.

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Esto parece una nimiedad al lado de lo que está ocurriendo, cuando Francisco ha exigido claridad en sus sabrosas cuentas corrientes. Desde sus primeros días como Sumo Pontífice, el Papa Francisco, exigió claridad y transparencia en las finanzas del Vaticano. El IOR, no solo habría de adaptarse a las normas internacionales sino, ir orientado hacia el principal objetivo marcado por el Sumo Pontífice: "Una Iglesia pobre, para los pobres". Pero aún así, siguen sin cuadrarme las cuentas.