El 2014 ha sido un año de felicidad completa para el Real Madrid, quizás el único pero haya sido el fallecimiento de Don Alfredo Di Estefano, presidente de honor de la entidad y todo un icono del madridismo. La muerte nos llega a todos incluso al mito del madridismo.

Antes de la llegada de Ancelotti el Real Madrid vivía instalado en la discordia permanente, clima enrarecido y que se nutría en gran parte de la labor de Mourinho, un buen técnico que batalló contra un Barcelona en los últimos años de gloria de Guardiola en una batalla incansable por devolver al equipo blanco a la senda de la victoria. En Concha Espina no se puede permitir un año sin títulos o con títulos menores, estos lo son prácticamente todos, salvo "La Liga" y "La Champions League".

Esta última semana el equipo blanco ha ganado el mundialito de clubes, un torneo con más nombre que dificultad (a la vista está el bajo nivel de los rivales). El caso es que cuando pase el tiempo pocos se acordarán de la final y del rival contra el que jugó un equipo que para llegar a jugarlo tuvo que conseguir la ansiada décima Copa de Europa.

La décima es el gran título deseado, una institución que tiene a gala poder presumir de ser el club con mayor número de títulos del continente europeo. El técnico que ha cambiado la dinámica ha sido un italiano, Carlo Ancelotti, vino precedido por una gran fama pero digamos que tampoco maravillaba su contratación, el Madridismo dividido con amantes de "Mou" y merengues que no gustaban de su política agresiva.

Al final este técnico ha vuelto a enorgullecer a los madridistas no desde la política de enfrentamiento y de las declaraciones duras del técnico portugués.

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El Real Madrid se ha encontrado a un técnico que siempre ha sabido capear el temporal (acordémonos del tema Casillas/Diego Lopez) y que poco a poco ha ido reconstruyendo la unión entre afición y un equipo que ha fichado realmente bien. Ahora pocos se acuerdan de Mou y según dicen los más cercanos, la plantilla vive una unión como no se veía desde hace bastantes años. ¿Cual será el secreto? quizás, centrarse en el fútbol y olvidarse de crear caldos de cultivo que no valen más que para ensuciar el deporte rey.