El año 2014 ya forma parte de la historia. Ha sido un año intenso, de cambios y acontecimientos que han marcado ya un hito en la historia política de nuestro país. Ante la mirada atónita de la ciudadanía, reprobatoria de unos, complaciente de otros, el Rey Juan Carlos I abdicaba para cederle la jefatura del estado al príncipe, que se convirtió, en apenas quince días, en Felipe VI. El debate entre monárquicos y republicanos estaba servido, aunque el apoyo de los dos grandes partidos al nuevo monarca zanjó el asunto sin posibilidad de réplica. La monarquía, ensombrecida también por el fantasma de la corrupción, no se encontraba en su momento más popular, por eso quizá las prisas.

2014 ha sido también el año en el que hemos dicho adiós a una figura esencial de la Transición española: Adolfo Suárez, el primer presidente de la democracia. Pero sin embargo, aquello por lo que más recordaremos el 2014 es por el tambaleo de la política tradicional. Este ha sido el año en el que nació Podemos, una organización ciudadana encabezada por el politólogo Pablo Iglesias. Siendo apenas un embrión en política, Podemos consiguió cinco eurodiputados en las elecciones Europeas; unos resultados insólitos, haciendo que los dos grandes partidos se pusieran en alerta al ver en peligro su comodidad compartida.

A partir de aquel momento, los numerosos casos de corrupción y la situación social que vive el país no han hecho otra cosa que aupar sin tregua a este partido, que cada vez cuenta con más apoyo ciudadano en las encuestas.

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El año 2014 es el año en el que el bipartidismo se tambaleó por primera vez en la historia de nuestra democracia, y los ataques continuados hacia esta formación no hacen más que evidenciar que los partidos tradicionales temen perder su status quo. El PSOE actuó raudo y veloz, cambiando de cara y asegurando que su nuevo secretario general, Pedro Sánchez, es un símbolo de la regeneración del partido y de su reconducción hacia la izquierda, aunque muchos de sus votantes han migrado hacia Podemos sin remedio.

El PP, sin embargo, sigue en sus trece. Bajo el poder que le otorga su mayoría absoluta, ha gobernado a base de mazazos, recortando la libertad y los servicios sociales, sin opciones de réplica por parte de la oposición. Hay muchas voces que aseguran que los populares han perdido hace mucho la legitimidad de su gobierno al encontrarse envuelto en una trama de corrupción como nunca se había visto en nuestro país. Pero el PP sigue gobernando como si nada de esto hubiera ocurrido.

La corrupción ha sido también uno de los grandes protagonistas del 2014.

Las tarjetas negras de Caja Madrid, la llamada "Operación Púnica", el transcurso del Caso Gürtel, la dimisión de la ministra de Sanidad Ana Mato y un largo etcétera. Han sido sin duda, 12 meses muy moviditos. No olvidemos que también fue el año en que el virus del ébola llegó a entrar en España y en el que el pueblo catalán clamó una vez más por su independencia mediante una consulta que el gobierno calificó de “ilegal”. 2014 es el año de la “Ley Mordaza” y en el que se decidió que el problema de la inmigración debía zanjarse mediante la violencia y la deportación en caliente. Ha sido, también, el año en el que se ha hablado más de la política venezolana que la española y probablemente nunca en nuestras vidas habíamos escuchado tantas veces seguidas el término "bolivariano".

Es el año en el que la ciudadanía despertó. Después del año 2014 no parece posible que todo en política vuelva a ser tal y como lo conocíamos. Feliz año 2015.